En los últimos años se ha venido produciendo una verdadera exaltación de la mediocridad que va in crescendo. En la década de los 90, el mero hecho de que a un muchacho no le gustase el fútbol era considerado una provocación por sus compañeros de clase e incluso por algunos profesores. Más adelante, cualquier desviación de la normalidad, ya fuese una psicopatía brutal o simplemente el hecho de no ver la tele, te llevaba de cabeza al despacho del orientador.
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Fuera del campo de la educación, éste amor por la mediocridad brilla con luz propia en el mundo de la política. Los políticos de más alto rango suelen destacar por su sosez, su ñoñería extrema y su ignorancia monda y lironda… por no hablar de su insoportable oratoria, que parece estudiada al milímetro por sus asesores precisamente para ser mediocre, para no decir nada.
En relación con éste intenso romance con lo mediocre, hoy ha aparecido en todos los medios una noticia bastante excéntrica. Al parecer, una niña holandesa de 13 años, planeaba dar la vuelta al mundo en solitario en un velero, con el permiso de sus padres, y, pese a su juventud, con varios años de experiencia en el mundo de la navegación (hace poco navegó en solitario hasta Gran Bretaña, para sorpresa de las autoridades portuarias).
El gobierno holandés, tras desatarse una gran polémica, ha decidido quitarle la custodia a los padres. El núcleo de la argumentación del gobierno holandés ha sido la importancia de la educación psicosocial (la niña se había comprometido a estudiar y examinarse de las materias necesarias durante el viaje, a través de Internet) en la adolescencia para el desarrollo de la personalidad, además del peligro de que la niña sufra algún daño físico. Verdaderamente sorprende ese alarde de paternalismo por parte de un país que siempre ha sido la punta de lanza del derecho a la libertad individual.
Si bien es cierto que la cuestión no es baladí, el hecho de que se haya producido una prohibición tan tajante y tan salvaje (retirada de custodia incluída… todo en pro de la salud mental de la niña) basada además en argumentos como esos, me resulta, personalmente, descorazonadora.
Le deseo la mejor de las suertes a Laura Dekker. Algún día será una excelente publicista, psicóloga de empresa, relaciones públicas o agente inmobiliaria; adicta al Valium en todos los casos.
En definitiva, una persona perfectamente integrada en el siglo XXI.






