Los Premios Príncipe de Asturias, ese plagio descarado y barato de los Nobel, se han repartido éste año una vez más, y, como siempre, con sorpresas.
Somos muchos los que recordamos el bochornoso premio que recibió el fisico británico Stephen Hawking en 1989. Bochornoso por ser un premio a la concordia (?), en lugar de a la investigación científica. Lo cuál hace pensar que para el comité de expertos designado para decidir los candidatos, pesó mucho menos el hecho de que Hawking sea el mayor experto en agujeros negros del mundo que el hecho de que sea un paralítico que da mucha pena.
O aquel extraño premio, también de la concordia, a la multimillonaria J. K. Rowling, autora de los libros de Harry Potter que tantos vuelos transatlánticos han amenizado.
Pero desde luego, lo de éste año se lleva la palma. Les propongo una adivinanza; éste año, el premio a la concordia se lo ha llevado una ciudad, una ciudad europea. ¿Cuál puede ser?
Les daré algunas pistas:
- Es la capital del país más conflictivo de Europa en los últimos 150 años.
- En varias ocasiones, desde ella se han planificado y ejecutado estrategias para invadir Europa entera e incluso parte de África.
- Estuvo dividida por un muro con francotiradores y minas antipersona.
- En el país del que es capital nació el movimiento Nazi, y en él se produjo el mayor genocidio del que se tiene noticia.
- El ejército de dicho país fué el primero en llevar acabo ataques aéreos contra población civil.
- El ejército de dicho país protagonizó la que hasta hoy ha sido la batalla más sangrienta de todos los tiempos, la de Stalingrado.
¡Sí!, ¡es Berlín!, y el motivo del premio es, según parece, conmemorar el vigésimo aniversario de la caída del muro (como si un aniversario fuese un mérito).
Bien pensado, estamos celebrando que Berlín, por primera vez en más de un siglo, lleva 20 años sin liar la de Dios es cristo. Hay otras muchas ciudades que comparten éste mérito con ella, por ejemplo, mi Guadalajara natal, pero claro, Guadalajara no tiene un historial previo de macarrismo salvaje.
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¿Premio a la Concordia?, ¡dos hostias os daba yo!
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Viendo ésto no puedo evitar recordar la edificante historia del Chele, individuo de mi instituto al que sus padres regalaron una moto el año que “sólo” cateó dos asignaturas.