Archivo de la categoría: macarrismo

José Luis Sin Censura

El tema de la telebasura ya ha salido con anterioridad en éste blog, por ejemplo, cuando hablamos de El juez Manuel Franco o de aquellos espantosos Videoclips andinos.

Pues bien, creo haber encontrado un programa que deja a todos éstos horrores a la altura del betún. Es un programa grabado en California y orientado al público mexicano residente en los Estados Unidos. Se trata de un programa de testimonios, dirigido por un tal José Luis, al que podemos ver en ésta fotografía:

Un hombre de confianza

La gracia del programa es que sistemáticamente se acaba a hostia limpia, mientras el público jalea (“¡duro!, ¡duro!” y “¡José Luis, José Luis!”); muy a menudo, incluso el público participa con gran entusiasmo de las tanganas (tanto es así, que en las últimas temporadas está separado del plató por un discreto foso).

Dejo aquí, a título de ejemplo, un vídeo que habla por sí solo.

Italia

Italia es un país de contrastes, capaz de lo mejor y lo peor. César Augusto y Nerón, conquistar Hispania y ser derrotados en Guadalajara, arte en las calles de Florencia y basura en las de Nápoles, Lamborghini y Fiat, renacimiento y berlusconismo…

Reflexionando sobre todo ésto se me ocurrió el siguiente chiste soez:

Se non è vero, è ben trovato

Chiste surrealista oído en un bar

El siguiente cómic está basado en un hecho real que me sucedió una noche, estando de copas en la capital de la Alcarria:

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El affaire John Cobra

Hace ya bastante tiempo, hablamos aquí de John Cobra, vaticinándole un futuro brillante en el mundo del espectáculo. Poco a poco se ha ido convirtiendo en una estrella del youtube, hasta llegar al extremo de estar nominado para representar a España en Eurovisión, gracias a los votos recibidos por parte de los internautas (entre los que me incluyo).

El sistema de votos, creado en nombre de la democracia y del mundo de lo interactivo (nada que ver con el afán recaudatorio vía SMS) se convirtió en un vehículo para el comportamiento subversivo de los internautas, que votaron (votamos) a un sujeto con muchas probabilidades de armarla.

Desde que estuvo nominado, se vió atacado de diversas maneras absurdas, acusado de ser machista, racista, violento, y expresidiario, golpe muy bajo éste último… y digo absurdas por que John Cobra es un personaje de ficción creado por Mario Vaquero, cuya gracia radica precisamente en que se comporta como un auténtico macarra pasado de rosca. Cuánto del auténtico Mario Vaquero hay en John Cobra es otra cuestión.

Nuestros vaticinios sobre su potencial subversivo-macarril no se quedaban cortos, pues, durante la gala de Eurovisión, John Cobra saltó a los titulares al concluir su actuación con insultos dedicados al público, en respuesta a los abucheos que le dedicaron desde el momento en que salió al escenario, y a los que nadie puso fin. Semejante comportamiento antisocial, y sobretodo, diametralmente opuesto a lo políticamente correcto, dió lugar a una avalancha de críticas y sermones (aquí pueden ver el vídeo del incidente, dónde un tipo con aspecto de supervillano de cómic [José María Íñigo] echa una bronca paternalista a John Cobra, con maldición incluída). La pelota creció, llegando incluso a levantarse un absurdo debate en los foros de El País sobre la educación de la juventud.

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Nuestro antihéroe, agarrándose los huevos mientras increpa al público, acompañado por Anne Igartiburu y su esposa

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Todo ésto por no hablar de cómo se ensañaron con él los miembros de la prensa rosa (indignados por que la canción de su abanderada fué descalificada por violar de forma clara varias de las normas del concurso), escandalizándose por que un exconvicto que se ha hecho famoso a base de hacer macarradas pueda llegar al mundo del famoseo. Mundo éste al que tradicionalmente solo se llega, como bien saben los popes de la prensa rosa, cultivando todos los campos de la miseria humana por igual, pero nunca especializándose en uno solo.

Para muchos de nosotros, la apoteosis macarra de John Cobra fué lo único que valió la pena de toda esa pringosa y anacrónica gala que, admitámoslo, a nadie le importa un pito. Y que un espectáculo tan cutre y bajuno nos resulte casi una bocanada de aire fresco, nos da una idea de lo pésima y alejada de la realidad que es la televisión normal y corriente. Con un poco de suerte, llegará el día en que le veamos repartiendo hostias en cualquiera de esos programas de cotilleo de la tarde; espectáculo edificante al que vaticino récords de audiencia.

Oka crisis

En primer lugar, pido disculpas a los lectores por la larga temporada que he pasado sin escribir. Los estudios no perdonan… y estoy en plena temporada de exámenes.

Hoy les traigo una historieta histórica sobre desmanes urbanísticos. Una situación de gran macarrismo que se vivió en un pueblecito de Canadá en el verano de 1990.

La bronca se produjo entre el pueblo de Oka y la comunidad mohawk de kanehsatake, a raíz de la decisión del alcalde de Oka de expandir el Club de golf d’Oka hacia unas tierras reclamadas por los mohawk, que contenían, entre otras cosas, las tumbas de sus antepasados.

Los mohawk, ni cortos ni perezosos, levantaron una barricada en el acceso a la zona. El 11 de Julio de 1990, el alcalde de Oka envía a la SQ (Sûreté du Québec) a desmantelar la barricada. Los mohawk se mantienen firmes aunque pacíficos, hasta que la policía abre fuego con granadas aturdidoras y gas lacrimógeno. Los indios devolvieron el fuego, ésta vez con armas letales, matando a un policía de un tiro en la cara y obligando al regimiento de la SQ a huir abandonando sus vehículos.

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La agresividad que tomó el asunto obligó a las fuerzas de seguridad a bloquear varias carreteras. Por otro lado, otras comunidades indias se solidarizaron con la movida y montaron sus propias barricadas, dando lugar a los peores atascos de tráfico de la historia de Canadá.

El gobierno envió a la policía montada, pero entre los indios, y los ciudadanos cabreados por los atascos, mandaron al hospital a diez agentes, la mayoría debido a palizas, pedradas, y demás muestras de cariño popular. El Gobierno Federal compró las tierras para usarlas como moneda de cambio y parar en seco las obras del campo de golf.

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La situación se puso tan fea que se declaró la ley marcial, cosa que jamás había ocurrido en Canadá en tiempos de paz. Con los blindados a escasos metros de la barricada, se negoció la rendición de los mohawk. Los soldados levantaron el sitio el 26 de Septiembre. El día anterior fueron atacados con globos de agua ( ! ).

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Naturalmente, una movida tan macarra no podía si no acabar siendo inspiración para una punkarrada:

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Pueden ver aquí otro vídeo sobre la bronca, con la impagable imagen de una mohawk, montada en un quad, plantando cara a una división entera de infantería mecanizada.

Hostiar al jefe de estado

Ayer a Berlusconi le cascaron. Un esquizofrénico llamado Massimo Tartaglia, le saltó los dientes y le rompió la nariz al Cavaliere en Milán, ciudad con una arraigada tradición en ésto de zurrar a jefes de estado. ¿El arma?, una reproducción en miniatura del Duomo di Milano ( ! ), que le fué arrojada en plena cara.

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Tiene que picar

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La noticia del día es la simpatía que está generando el agresor entre los internautas del mundo entero (y me incluyo), para indignación de los bienpensantes. Leo en El País lo siguiente: Un grupo de apoyo en Facebook a Tartaglia, nacido apenas una hora después del incidente, tenía esta mañana 43.000 firmas, lo que ha desencadenado la ira de la mayoría de centroderecha, con voces que llaman a cerrar la red y reprimir a sus usuarios. Irónicamente, sus argumentos son que éste tipo de simpatías no son propias de un país democrático ( ! ).

Ni que decir tiene que la policía tuvo que intervenir para que los seguidores de Berlusconi, proverbiales amantes del pacifismo, no linchasen al agresor. Por cierto, han creado su propio grupo de Facebook, “Matemos a Massimo Tartaglia”. Grupo éste último que sí que parece ser del gusto de la centroderecha.

Lo de pretender cerrar Facebook es una idea más filonorcoreana que de centroderecha. Ningún partido de centroderecha ha mostrado críticas hacia el buen gusto de sus clientes cuándo éstos les han comprado casuchas de 30 metros cuadrados a precio de premio Nobel, o cuando se pasan 8 horas al día viendo Telecinco. Ahora lo que le mola a la gente es ver cómo les saltan los dientes a los jefes de estado… pues, ¡viva el libre mercado! Los vendedores de souvenirs milaneses deben estar frotándose las manos.

En mi humilde opinión, Berlusconi debería considerar la posibilidad de que, que le partan la cara de vez en cuando, forma parte de la diversión de comportarse como un chulo de putas, hobby que parece gustarle bastante, pero que también tiene sus contras.

Bromas aparte, Berlusconi ha protagonizado agresiones mucho más sangrantes, crueles y cobardes. Véase, a título de ejemplo, todo el feo asunto desatado en torno a la muerte de Eluana Englaro y la persecución judicial sobre su pobre padre.

Entre pitos y flautas, resulta que un esquizofrénico agresivo nos parece mucho más de fiar que un primer ministro de una nación europea… y la culpa es de Facebook.

Había una vez un circo

Hace ya unos años, un circo itinerante dió mucho de que hablar en mi ciudad, Guadalajara, y en todas las ciudades cercanas por las que pasó.

Cada vez que el circo llegaba a una ciudad, el caos más absoluto se apoderaba de ella. La policía de todo el corredor del Henares andaba mosqueada por el hecho de que los robos de motocicletas se incrementaban en un 400% única y exlusivamente en las fechas en que el circo andaba cerca.

En menos de cinco días, los elefantes se les escaparon tres veces (yo estuve presente, por casualidad, en una de aquellas estampidas), acompañados por varias cebras, dos bueyes escoceses y un watutsi. A la tercera vez el alcalde los expulsó de la ciudad, al más puro estilo del salvaje oeste.

En aquellos años (2000-2004), estaba en pleno auge la leyenda urbana de “la sonrisa del payaso“. En su variante alcarreña, los “nazis” viajaban en una furgoneta blanca. Dicha furgoneta blanca resultó ser la que usaban los del circo para robar motocicletas aparcadas, que con su actitud extremadamente sospechosa logró atizar aún más el pánico que existía entre los adolescentes de entonces.

Siempre que veo Batman Returns, me acuerdo de aquel circo, que desde luego nos trajo risas y emoción (sobretodo ésto último) a raudales:

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Diccionario de supervivencia

Hace poco encontré, en la biblioteca pública de mi localidad, un libro muy curioso y muy mostrenco llamado Diccionario de Supervivencia, de Rüdiger Nehberg. El tal Rüdiger es un mostrenco alemán, que, entre otras hazañas, ha cruzado el Atlántico en una barca a pedales. Al contrario que otros libros sobre supervivencia, centrados más bien en el excursionismo, éste diccionario tiene miras más amplias. Podemos encontrar desde consejos sobre cómo cazar una liebre u orientarse por el sol, hasta cómo fingir una enfermedad en la cárcel, y cómo fugarse luego desde el hospital.

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El autor

El autor

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Copio a continuación, a título de ejemplo, la entrada que aparece bajo el epígrafe piratas, justo entre pirañas y pistola.

Piratas. Continúan existiendo igual que antaño, y con la misma falta de escrúpulos. Si nos aventuramos en barco deberíamos conocer de antemano los lugares en que podemos encontrarlos. Los hay en los ríos (Orinoco, en la frontera colombiana) y sobre todo en los mares (África occidental, Extremo Oriente, Caribe). Fingen haber sufrido un naufragio y piden ayuda, y cuando nos acercamos abren fuego con sus ametralladoras, o disponen de barcos tan rápidos que se nos echan encima directamente, aprovechando a veces la oscuridad de la noche. A menudo lo hacen descalzos, asesinan a la tripulación y hunden el barco para evitar testimonio alguno.

Si somos propietarios de un barco tenemos derecho a llevar un arma, e incluso deberíamos hacerlo obligatoriamente. En caso de urgencia, las señales luminosas pueden ser de utilidad como armas, puesto que pueden alcanzar los 2000 ºC y asar a cualquier maleante.

Ante el peligro de que alguien penetre descalzo en nuestro barco, es conveniente (junto con otras alarmas, o un perro) salpicar la cubierta de chinchetas. Podemos dejar junto a la borda medio metro libre de chinchetas para que los ladrones no se den cuenta del truco. A la mañana siguiente no hay más que recogerlas y guardarlas.

No intentemos acercarnos si no vemos muy clara la supuesta avería del otro barco. Es mejor mantenerse a distancia y esperar a que se acerquen con su propio bote, o reclamar ayuda por radio.

Si pese a todo se produce un ataque, podemos tener preparado algún que otro cóctel molotov. Debemos permanecer tranquilos en cubierta hasta el momento del abordaje.

El lado oculto de Tycho Brahe

El nombre de Tycho Brahe (1546 – 1601) se asocia, por lo general, con la astronomía. Y sin duda hay buenas razones para ello; Brahe fué uno de los más eminentes astrónomos de su tiempo. Sin embargo, sus éxitos en el campo de las ciencias quedan eclipsados, sin duda alguna, por sus éxitos, menos conocidos, en el campo del macarrismo.

Aquellos de ustedes que piensen que lo más gamberro que ha hecho jamás un científico es fotografiarse sacando la lengua, verán cuán equivocados están cuando conozcan la historia de éste astrónomo danés.

Y es que la biografía de Tycho Brahe bien daría para una película de Tarantino.

Para empezar, una machada. Su tío, que era quién le cuidaba, murió de neumonía tras salvar de morir ahogado ni más ni menos que a Federico II de Dinamarca. La familia de Tycho, de origen noble, y ya de por sí adinerada, se vió más favorecida si cabe, y propició que el bueno de Tycho pudiese dedicar toda su vida, nunca mejor dicho, a la contemplación.

En el Invierno de 1566, cuando nuestro héroe contaba con 20 años y estudiaba en la universidad de Rostock (actual Alemania), acudió a un baile en casa de un profesor, dónde él y un tal Manderup Parsbjerg coprotagonizaron una salvaje trifulca que a Tycho le costó la nariz (!). El resto de su vida llevó una prótesis de plata. Según dicen los que le conocieron, daba el pego bastante bien.

La mayor parte de su vida vivió en un castillo/palacio/observatorio, situado en una isla de su propiedad. Para que quedase bien claro su estilo supervillanil, bautizó su residencia como Uraniborg.

Entre sus excentricidades se contaban las de tener a su servicio a un enano llamado Jepp, del que se decía tenía poderes sobrenaturales, y al que le hacía sentarse bajo la mesa mientras comía. Tenía, además, como mascota, a un alce alcohólico que murió tras emborracharse y caerse por las escaleras de la casa de un amiguete de Tycho.

Por aquel entonces, otro astrónomo más joven y brillante (como demostró el paso del tiempo), Johannes Kepler, también estaba haciendo sus pinitos. De carácter sosegado y depresivo, acabó, por azares de la vida, conviviendo y colaborando con el energúmeno de Tycho Brahe. La convivencia debió de ser todo un espectáculo.

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Se dice, además, que su ojo derecho terminó deformándose de tanto mirar por el telescopio.

Se dice, además, que su ojo derecho terminó deformándose de tanto mirar por el telescopio.

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Tycho murió en Praga en el año 1601. Padecía una infección renal, que se le complicó a causa de una comilona/borrachera salvaje que se negó a abandonar hasta ver, literalmente, que se estaba muriendo.

Como ven, daba gusto invitarle.

Cuando se estableció una convención universal para denominar a los accidentes geográficos lunares, se otorgó el nombre de Tycho al cráter más notas de la cara visible de la Luna (ver aquí). ¿Casualidad?

He aquí una idea para los productores de cine. ¿Qué me dicen de Bruce Willis haciendo de Brahe, y Sean Penn haciendo de Kepler?

P.D: nunca está de más recordar que éste blog no forma parte de la Enciclopedia Británica. Es más que probable que haya algún error en la biografía, máxime teniendo en cuenta que hablamos de un individuo que vivió hace casi medio milenio.

Téngalo en cuenta si es usted uno de esos canis que de vez en cuando entran a mi blog a buscar información que copipegar en sus trabajos de la escuela.

El niñato del metro de Valencia

Hoy voy a hablarles de un muchacho que, de un día para otro, pasó a engrosar las páginas de la mitología cani. Todo empezó, cómo no podía ser de otro modo, grabando una subnormalidad con el móvil. El chaval se encontraba con un amigo, viajando en Metro, cuándo se les ocurrió que sería buena idea grabar con el móvil cómo vacilaban, torpemente, a una pareja de ancianos. Al final, el anciano macho se levantó y le dió un meneo al chaval. Poco tiempo después el vídeo llegaba a Youtube, como sucede con la mayoría de vídeos de subnormalidades. Aquí tienen ustedes una versión subtitulada y comentada por un experto:

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Tras la publicación del vídeo, se dió una auténtica avalancha de video-amenazas hacia el ya desde entonces conocido como el niñato del metro de Valencia. La inmensa mayoría de ellas consistían en una imagen fija de algún personaje real o ficticio, mientras una voz electrónica (usualmente el famoso Jorge de Loquendo; a la sazón, la misma voz que anuncia las paradas en los autobuses de Madrid, cosa que genera gran hilaridad entre los canis) lanza amenazas e improperios.

Ayer comprobé que este nefasto estilo cinematográfico apenas consume 5 minutos por película, e hice un par de ellas. Aquí se las dejo. Usen los enlaces, aunque sólo sea para hacerse una idea de la inmensidad de películas análogas que se han hecho hasta ahora.

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La respuesta del niñato a todas las amenazas también es una auténtica obra maestra de cinema verité postmoderno. Obsérvese la calidad de imagen (y el ladeado), la música de fondo, el decorado, ¡todo!:

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Para que no digan que en éste blog sólo se publica basura, el próximo artículo que tengo preparado es, lo crean o no, sobre cartografía.