Hoy el buzón me deparaba una sorpresa. En lugar de la habitual colección de facturas, cartas trampa, y catálogos de lápidas, he encontrado ésta amable carta:
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El año pasado estuve en una fiesta parecida, organizada en la embajada belga en Madrid. Como buen alcarreño, obsequié a mi anfitrión con un tarro de miel, deseando que ese sencillo gesto uniese a nuestros pueblos.
Lo cierto es que la fiesta fué bastante aburrida y excesivamente formal; lo más divertido fué ver a un mayordomo llevando una bandeja llena de tetrabricks de Don Simón.
En fin… aquí les dejo éste post tan insípido, pero es que estoy de exámenes y tengo que rellenar con algo el blog mientras no pueda dedicar demasiado tiempo a escribir.





