Archivo mensual: enero 2009

Combatiendo el sexismo sin esfuerzo

¿Quiere usted combatir el sexismo pero no sabe cómo?, ¿quiere usted combatir el sexismo pero no está dispuesto a dedicar más de 10 minutos al día a dicha tarea?, ¡no se preocupe! Busque sexismo en la tele, en los periódicos, paseando por su ciudad o pueblo y por supuesto en el lenguaje. Verá que no le cuesta nada encontrar sexismo en el limitado mundo que le/la rodea. No tema si carece de estudios, o de inteligencia o si simplemente no tiene ni idea de por dónde empezar. A la hora de cambiar el mundo lo único que importa es la intención, lo único, y quién diga lo contrario es un/una miserable. Usted lucha por los derechos de las mujeres, y cualquiera que critique su trabajo es un enemigo o una enemiga de las mujeres, y su crítica no merece ser siquiera escuchada. Acabar con el sexismo es un problema complejo, y todo el mundo sabe que los problemas complejos se resuelven haciendo caso omiso a las críticas, utilizando métodos rígidos e invariables e ignorando sistemáticamente los hechos.

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Usted puede cambiar el mundo, incluso viendo la tele

Usted puede cambiar el mundo, incluso viendo la tele

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Para predicar con el ejemplo, dentro de unos días publicaremos aquí las conclusiones de un estudio sobre el sexismo en los videojuegos, que sin duda no dejarán a nadie indiferente.

Aprovechamos también para recordarles que pegar palizas, amén de ser ilegal, es una cabronada.

¡Id y concienciad!

El alma no es para tanto

He aquí el segundo y último artículo de ésta serie. El primero puede leerse aquí.

Dualismo y monismo:

 

¿Son la mente y el alma la misma cosa, como proponen los monistas?, ¿o bien son cosas distintas, como proponen los dualistas?

La intención de este texto es únicamente exponer breve y argumentadamente la opinión de su autor, que como se verá es mucho más cercana al monismo que al dualismo.

El alma:

 

Pensaba comenzar este párrafo con una cita que leí hace años, pero soy incapaz de recordar dónde la leí o quién era su autor. La cita era tan apropiada que he decidido añadirla aquí, explicada a partir de lo que recuerdo, aún a pesar de que esto resta elegancia al texto.

El autor de dicha cita hablaba de una experiencia vivida en una trinchera francesa en la primera guerra mundial, donde entabló amistad con otro soldado, un hombre que al parecer era extraordinariamente culto. Un día, cayó un obús sobre la trinchera, y el amigo del autor murió en el acto. La cita hablaba de la enorme impresión que causó en el autor ver a aquel hombre no muerto, si no despojado de su “esencia”. El cuerpo seguía allí, pero la cultura, la agradable conversación y todo lo que había llamado tanto la atención del autor ya no estaban.

Esta historia ejemplifica muy bien qué es “eso” que unos llaman alma y otros mente.

Los dualistas, al tener noticia de este suceso, dirían que la mente del soldado ha muerto, pero que su alma no tiene porqué haber muerto igualmente. Los más osados, incluso conjeturarían sobre lo que ha sido del alma del soldado.

El autor del texto que está usted leyendo imagina la siguiente conversación en las trincheras:

Benoît, soldado francés, dice:

 

– Que Dios te bendiga Jean, pronto descansarás en el paraíso.

 

Bhaskar, soldado británico de origen hindú que no puede evitar escuchar el comentario de Benoît, dice:

 

– El alma de Jean no irá al paraíso, sigue en la tierra, reencarnada.

 

Benoît y Bashkar discuten sobre este punto, y pronto, dadas las circunstancias, la discusión comienza a tornarse violenta, hasta que se ve interrumpida por la voz de Dominique, que afectado por la psicosis de guerra no había abierto la boca desde hacía meses, diciendo lo siguiente:

 

– Jean tenía siete almas, y ahora todas ellas vuelan rápidamente hacia la estrella Polar, haciendo una parada de un mes en Oslo para cazar osos. Todas salvo una, la más grande, que viaja ahora hacia el centro de la Tierra.

 

Benoît y Bashkar ahora están de acuerdo en una cosa, Dominique se ha vuelto completamente loco.

Probablemente el lector se pregunte a qué ha venido este sainete de pluma gorda. La explicación es la siguiente, la hipótesis de Dominique no es más ilógica ni más absurda que la de sus compañeros, la única diferencia es que, probablemente, hasta hoy no la habíamos oído nunca, mientras que las otras dos ya son conocidas nuestras. Si el lector sigue pensando que la hipótesis de Dominique es más absurda que las de sus compañeros, le propongo que intente demostrar que es falsa.

Nótese que esta misma discusión jamás se hubiese desarrollado en torno a la mente de Jean (entendida como el soporte biológico del alma), pues es evidente, y lo más importante, es demostrable, que al morir el cuerpo (soporte biológico integral) también ha de morir la mente.

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¿Tiene alma éste ser?

¿Tiene alma éste ser?

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Pero el alma, al ser un objeto con atributos casi divinos, es, entre otras cosas, totalmente insensible (en el sentido de que no se puede tocar, ni ver, etc…) de modo que podemos decir sobre ella lo primero que se nos ocurra y absolutamente nadie podrá demostrarnos que estamos equivocados. Claro que esta invulnerabilidad a las críticas se paga muy cara, pues el alma (y en general, todas las cosas que se definen como insensibles) no tiene absolutamente ningún nexo con la realidad precisamente por ser insensible.

A juicio del autor, los intentos de separar el alma de la mente son consecuencia, por un lado, de esa costumbre tan típica de los humanos de buscar diferencias drásticas entre ellos y el resto de los animales, y por otro lado, de dar una “explicación” metafísica a los misterios de la mente, es decir, a prácticamente todo lo relacionado con ella, desde el aprendizaje hasta los supuestos fenómenos de telepatía.

La segunda de las causas que apunto es la más interesante de las dos, al menos a mi juicio. Incluso a día de hoy, apenas sabemos nada sobre el funcionamiento de la mente. Es bien sabido que el ser humano ha buscado explicaciones místicas todas y cada una de las veces que se ha topado con algo incomprensible (o mejor dicho, incomprendido), y además estas explicaciones suelen ser invulnerables a las demostraciones de falsedad; según hemos visto, no nos encontramos ante una excepción.

Muchos son los que piensan que es una osadía afirmar que el alma no existe si es imposible probarlo; pero no debemos olvidar que también es imposible probar que tenemos siete almas, o que las almas saben a fresa. De modo que, en efecto, negar la existencia del alma es una osadía, pero una osadía muy pequeñita.

Dios y el gramófono

He aquí uno de los dos artículos (segunda parte aquí) que les anuncié, escrito en 2006 para la asignatura Historia y metodología de la física:

El siguiente texto tan sólo pretende introducir, de manera intencionadamente breve (pues cuando se habla de temas simples tan sólo los embaucos son largos), algunas de las ideas del autor. Con objeto de agilizar la lectura del mismo, se han omitido todas las frases del tipo “en opinión del autor”, “yo creo”, etc, lo cual le confiere un aire un tanto engreído. Quede claro, sin embargo, que ninguna de las opiniones aquí vertidas pretende ser inamovible ni autoritaria, pese a que todas ellas son brevemente argumentadas.

Se han introducido, además, al principio de cada uno de los epígrafes, breves citas a otros autores. Estas tienen por objeto tanto situar al lector en el contexto adecuado como hacer más amena la lectura del mismo.

Algunas de las opiniones aquí vertidas tocan temas susceptibles de levantar grandes pasiones, como son la religión y la teoría evolutiva.

El autor no ha intentado ser, ni mucho menos, políticamente correcto. En lugar de eso reivindica su derecho a ser tomado por un cretino por aquellos que no compartan sus ideas.

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His master's voice

His master’s voice

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Para empezar, un ejemplo, el gramófono:

“¡Hablaba! Todos los que estaban en el laboratorio alrededor de la nueva máquina sintieron cómo se les ponían los pelos de punta. Todos excepto uno.”

– Extraído de la biografía de Thomas Alva Edison, en referencia a la invención del fonógrafo.

Si el lector dispone de un reproductor de discos de vinilo, le invito a realizar el siguiente experimento. Ponga un disco a reproducir, y baje por completo el volumen del amplificador; acerque ahora el oído a la aguja, y podrá escuchar la música en todo detalle, si bien con escasa intensidad. En este curioso efecto se basa el funcionamiento tanto de los antiguos gramófonos como de los ya no tan modernos tocadiscos, la única diferencia entre ambos radica en el método de amplificación (mecánico para el primero y electrónico para el segundo).

Olvidemos la amplificación, y pensemos en la aguja. Los microsurcos del vinilo hacen vibrar a la aguja de tal modo que esta reproduce prácticamente cualquier sonido… una misma aguja puede sonar como una canción de los Beatles, o como una instrumental de Dvôrak; esta variedad debe radicar, pues, en la forma y disposición de los microsurcos.

¿Cómo se “tallan” estos microsurcos?, parece evidente que tallarlos con un pequeño cincel resultaría un trabajo verdaderamente titánico y sumamente dificultoso. Aquí llega la idea fascinante. No es necesario tener un control absoluto sobre los surcos del disco, de hecho, la manera de grabar un disco era, al menos en los tiempos de Edison, la siguiente: se calentaba el vinilo para ablandar el material, se colocaba, virgen, sobre el gramófono, y hablando a la misma “oreja” del gramófono se lograba que la aguja, por sí sola, se moviese haciendo las marcas adecuadas para que una vez leídas, produjesen en la aguja el sonido original. En otras palabras, se dejaba todo el trabajo duro a la naturaleza.

La naturaleza nos ahorra una tarea cuya sola planificación teórica hubiera supuesto un trabajo intelectual enorme.

¿Será que la naturaleza piensa?

“El viento agitaba la bandera del templo, y dos monjes discutían sobre ella. Uno decía que se movía el estandarte, y el otro que se movía el aire; discutieron y discutieron sin llegar a ningún acuerdo. Eno, el Patriarca, dijo: – no es que el aire se mueva, no es que el estandarte se mueva; es que sus honorables mentes se mueven-“.

– Extraído de “La plataforma sutra del sexto Patriarca”, de P. Yampolsky.

El autor no puede evitar sentir un escalofrío al imaginar a la pequeña aguja haciendo por sí sola su complicadísimo trabajo.
Pero, un momento, …la frase anterior contiene dentro de sí una aparente paradoja… ¿cómo es posible que algo tan simple como una aguja unida a una bocina realice por sí sola cualquier tarea complicada? Lo que realmente ocurre es que lo que es complicado es entender lo que está ocurriendo , y la naturaleza ni entiende ni piensa, tan sólo actúa de la única manera de la que puede hacerlo. Consecuentemente, la naturaleza carece de intención alguna al actuar, lo cual debería ser suficiente para tirar por tierra cualquier tipo de teoría teleológica.

De hecho, lo que sería verdaderamente sorprendente sería que el gramófono no funcionase.

No cabe duda de que los surcos grabados por la aguja en el disco forman un sistema altamente organizado y complejo, que ha sido creado casi espontáneamente (tan sólo fue necesario fabricar el sencillísimo mecanismo del gramófono, más sencillo aún si se compara con la complejidad del resultado), y desde luego sin mediación de inteligencia alguna.

Quién quiera entender que entienda:

“Huxley dijo que no estaría avergonzado en absoluto de tener a un mono por antepasado, pero sí se sentiría “avergonzado de descender de un hombre que emplea su conocimiento y su elocuencia para oscurecer la verdad””.

– Del debate entre T. H. Huxley y el obispo de Wilberforce, acaecido en la Universidad de Oxford el 30 de Junio de 1860, poco después de la publicación de “El origen de las especies”.

Tras todo lo visto anteriormente, queda claro que cualquier intento de comprender la naturaleza ha de ser lo menos antropocentrista posible, pues la naturaleza no obra, ni mucho menos, de forma análoga a como lo hace el ser humano.

La experiencia nos muestra cómo a la inmensa mayoría de las personas les cuesta adoptar esta postura, ya que supone, de algún modo, “bajar del pedestal” y uno puede llegar a sentirse como una insignificante pieza de un reloj… pero si nuestra intención, como científicos, es ampliar el conocimiento, mejor será que empecemos cuanto antes a aceptar la realidad.

No cabe duda después de lo dicho aquí que una de las consecuencias del antropocentrismo es

La idea de Dios:


“Y Dios consideró que esto era bueno

y dijo, “hagamos al ser humano
a nuestra imagen y semejanza.
Que tenga dominio sobre los peces del mar,
y sobre las aves del cielo,
sobre los animales domésticos
sobre los animales salvajes,
y sobre todos los reptiles
que se arrastran por el suelo”.

Génesis 1:26.

En la totalidad de religiones conocidas por el autor aparece una constante: discursos autocomplacientes que intentan justificar la “evidente” superioridad del género humano, con dioses que, ya tengan forma de serpiente, de oso, o ninguna forma en absoluto, si que parecen razonar de manera parecida a la de los humanos (al menos según los sacerdotes, personas que ni se sonrojan al decir en una misma frase que ellos son mensajeros de la voluntad de Dios y que la voluntad de Dios es incognoscible). Además, todos los dioses siempre “nombran jefes” a los humanos, difícilmente podía desearse una situación mejor. Y es bien sabido que al hombre le encanta negar la realidad, sobretodo cuando le es adversa, para inventarse una alternativa imaginaria en la que todo funciona según le apetece. Si el lector necesita ejemplos de esta fantasía, basta con que abra cualquier periódico de los últimos diez años y busque noticias relativas a la política.

La cosa parece evidente tras un poco de reflexión, es el ser humano el que creó a Dios a su imagen y semejanza.

Pero, ¡todo es tan bello y armonioso!

“Dios no juega a los dados con el Universo”

Extraído del debate entre A. Einstein, N. Bohr y W. Heisenberg, 1927.

Si a éstas alturas el lector todavía sigue considerando que la “perfección” y la “armonía” requieren de la mediación de una inteligencia, el autor se permite sugerirle que vuelva a empezar a leer desde el principio.

La propia idea de armonía procede de nuestra observación del entorno, de modo que es una auténtica bobada el sorprenderse por que el entorno aparezca armonioso. Sin embargo este absurdo ocurre muy a menudo. Es más, existen gran cantidad de personas que, siendo ateas, se convencieron de la existencia de Dios tras el estudio riguroso de la ciencia, precisamente cegadas por la belleza y armonía de la naturaleza, sin darse cuenta de que fue la observación del universo quién grabó en su mente el concepto de orden, e incluso el de belleza.

Alguien podría objetar: “¿y el arte?, todos tenemos una idea de lo que es bello y lo que no”… y en este caso se pecaría de etnocentrismo. El concepto de belleza varía según el lugar en el que uno se encuentre, y también según la época. Desde el punto de vista europeo, por ejemplo, el arte tradicional inuit resulta intrigante y aterrador, y el cánon de belleza femenino dista mucho de parecerse a la venus de Willendorf.

Todo esto no viene si no a apoyar mi tesis de que el concepto de belleza es adquirido.

Ya va siendo hora de acabar:

“La gran masa del pueblo (…) puede caer más fácilmente víctima de una gran mentira que de una pequeña”.


– Adolf Hitler.

“No es hasta recientemente cuando los científicos se han dado cuenta de que toda la materia se mantiene unida por atracción (fuerza de cohesión), y por energía. O sea por “cosas que no se ven”. La ciencia cada día descompone más y más el átomo y la tendencia luce presentar el dilema de que en realidad ¡nada es físico o tangible, si no energía! POR FAVOR CONSIDERE ESTA ESCRITURA BIBLICA:

“Cristo es la imagen visible de Dios, que es invisible; es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado. En él (Cristo) Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio, autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden”. Col. 1:16

Sólo esta declaración, al ser comparada con las primeras Leyes de la Termodinámica debería ser razón como para que si algún lector de estas letras no creía en Dios, ahora tenga más que razón suficiente para ponerse de rodilla y decir:

Dios Padre, me he dado cuenta que he pecado contra ti. Ahora creo que la Biblia es la Palabra de Dios, que Jesús es ciertamente el Hijo tuyo. Yo creo con todo mi corazón que Jesús murió en mi lugar, por mis pecados, en la cruz y que después de tres días resucitó. De ahora en adelante dejaré de hacer lo malo y caminaré el camino que Jesús me ofrece. Ahora te pido que me des vida eterna y entendimiento. Que escribas mi nombre en el Libro de la Vida. De ahora en adelante te seguiré todos los días de mi vida. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

– Dawlin A. Ureña, miembro de la asociación “científica” Creation Research Society.

Tal y cómo dije al principio, cuando se habla de temas simples tan sólo los embaucos son largos. Como no podía ser de otro modo, millones de personas dedican toda su energía a intentar convencerse y convencer al prójimo, mediante larguísimos y retorcidos argumentos (y esto sólo en el mejor de los casos), de que, efectivamente, contra toda evidencia, el ser humano ocupa un lugar privilegiado en el Universo.

Reunir y discutir todo lo que se ha dicho y se dirá al respecto es una tarea abrumadora y crispante, y además, la experiencia demuestra que sólo muy rara vez resulta fructífera, si el objetivo es hacer ver a quién no quiere ver.

Continuar a la segunda (y última) parte.

Autobuses malditos

Mientras escribía este artículo, hace un par de días, surgieron en mí algunas pocas dudas sobre si estaba siendo demasiado cafre. Afortunadamente, un sacerdote despejó todas mis dudas, y me dejó claro que toda barbaridad que se pueda decir o escribir es poca. ¿Qué hizo este buen hombre para iluminarme de manera tan esclarecedora?, pues aprovechar el entierro de mi abuela para llamar miserables a los ateos, agnósticos y demás, por su atrevimiento publicitario, con unas maneras más propias de una trifulca tabernaria que de un suceso grave y solemne, desafiando a los presentes a probar la inexistencia de Dios todopoderoso, aderezando todo el conjunto con algún que otro “¡Viva Cristo Rey!” y golpes en el atril. Y todo ésto en apenas 15 minutos.

El sacerdote logró, eso sí, que la mezcla de estupefacción y mala hostia apagase la pena durante un rato. ¿Sería ese, quizá, su noble propósito?

He aquí el artículo:

Como probablemente sabrán, una asociación llamada unión de ateos y librepensadores ha trasladado (una manera elegante de decir plagiado) la gracieta de los carteles ateos de los autobuses de Londres a los autobuses de Barcelona, para gran escándalo por parte de las autoridades eclesiásticas. Como viene siendo habitual, la Iglesia Católica ha puesto el grito en el cielo, exigiendo prudencia, respeto y, en definitiva, que se haga lo que ellos digan. La iglesia evangélica, por su parte, ha creído ver en éstos autobuses la encarnación del mismísimo Satanás, y ha lanzado una campaña de contraataque, en forma también de cartel para autobús.

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Eppur si muove a lo siglo XXI

¿Dios teme a éste cartel?

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A pesar de que yo también soy ateo, ésta campaña me parece una bobada. En primer lugar, que exista una asociación cuyos miembros se autoproclaman librepensadores me resulta risible, y más aún que éstos sujetos no se hayan molestado siquiera en diseñar su propio eslógan. ¡Y qué eslógan! El “probablemente” sobra (incluso como guiño al positivismo), siendo una muestra de corrección política y respeto hacia quienes, a mi juicio, no la merecen por no otorgarla.

Por otro lado, aquellas personas que precisen de un cartel para creer o dejar de creer no ya en Dios, si no en cualquier cosa, tarde o temprano acabarán en una secta, dejándose la paga de dos meses en un homeópata o vaya usted a saber haciendo qué gilipollez. Casi mejor que se queden en misa y que los aguante el cura.

Desde mi mostrenco punto de vista, un cartel como éste hubiese molado mil veces más, y hubiese provocado polémica con razón:

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Pregunte al conductor

Pregunte al conductor

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Para que los más remilgados de ustedes tranquilicen sus conciencias, y vean que también sé hablar en serio y no soy ningún incendia-iglesias, anuncio que en breve publicaré unos textos sobre “teología” que escribí en 2006. Me valieron el sobresaliente en la asignatura Historia y metodología de la física y según tengo entendido han acabado formando una humilde parte, con mi consentimiento, del temario de nosecuál asignatura de la facultad de Filosofía. Aquí tienen el primero de ellos, y éste es el segundo y último.

Los psicólogos salvarán el mundo

Como todo el mundo sabe, la psicología no es una ciencia exacta. Incluso muchos dudamos de si sus procedimientos son o no científicos. Sea como fuere, nada de ésto es óbice para que psicólogos, psicopedagogos y gentes afines se comprometan a afrontar y resolver problemas tan serios como el racismo, la violencia de género y demás.

¿Cómo?, la respuesta siempre es la misma. Concienciación y educación. Algunos añadiríamos ceguera a la lista, imprescindible para ignorar sistemáticamente los fracasos de los métodos utilizados.

Recientemente aparecía un artículo en el País que no tiene desperdicio. En él se habla de la decadencia del estereotipo macho, y se basa en el estudio, hecho sin salir del despacho, de varios psicólogos. Curiosamente, para éstos psicólogos enemigos de los estereotipos, todos los hombres trabajan en oficinas y todas las mujeres trabajan en el hogar.

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No hay término medio

No hay término medio

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Su estudio se basa en observaciones tan impactantes cómo ésta, que nos demuestran el limitado mundo en el que se mueven éstos intelectuales:

“Ya antes de nacer, el comportamiento de los que esperan al bebé es diferente, por mentira que parezca”, dice el sociólogo, experto en sexología y en estudios de género y masculinidades, Erick Pescador. Y revela algo asombroso: “Llevo algunos años participando en clases de preparación al parto con madres y padres y, cuando lo que viene es un niño, las madres se dan golpecitos suaves en la tripa; sin embargo, si es una niña, se hacen caricias circulares”, dice.

Leyendo la descripción de éste momento culmen de la historia de la ciencia, uno no puede evitar recordar a Arquímedes en la bañera, o el experimento Michelson-Morley.

Como digo, los psicólogos no sólo estudian, si no que también tratan de aplicar lo estudiado a construir un mañana mejor. Como puede leerse al final del artículo:

El Ayuntamiento de Jerez de la Frontera (Cádiz) auspicia un ambicioso proyecto educativo para trabajar en escuelas e institutos desde donde se educa en la nueva masculinidad. Los talleres, para diferentes edades, transmiten la necesidad de expresar los sentimientos, de pedir ayuda cuando algo va mal, sentimientos, inquietudes, sueños, dudas.

Seguramente el programa consistirá en lo siguiente:

Seminarios:
Puede que no lo sepáis, pero todos sois muy malos.
Todas las mujeres son seres angelicales.
Emilio Aragón vs. Robert Mitchum, un psicoanálisis comparativo.

Éstamos negociando la posibilidad de traer al Dr. Cocolotti, un experto de la Universidad de Córdoba (Argentina) para que nos hable del tema. El Gobierno se ha ofrecido a vender un portaaviones para poder pagarle.

Nos reservamos el derecho de introducir publicidad de nuestros patrocinadores durante los seminarios.

Películas:
Amelie.
Clan Ya-Ya.
Te doy mis ojos.
La gran evasión.*
Doce del patíbulo.*
Los cañones de Navarone.*

*: durante la proyección de éstas películas, se administrarán leves electroshocks a los espectadores.

Ahora un comentario a título personal, una opinión vaya. ¿Por qué todos los estudiantes de psicología que conozco son unos memos?

Breve comentario

La última aparición de éste blog en menéame me anima a recordar a mis lectores que mi blog es mío, aunque se admiten colaboraciones y los comentarios son de todos.

Simplemente escribo lo que me apetece, importándome bastante poco a quién pueda molestar, de modo que a nadie debería sorprenderle que alguno de mis artículos parezcan un desprecio a las opiniones que no sean la mía.

No lo parecen, lo son. Sobretodo cuando de ciertas opinones se trata.

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Hay que prevenir

Hay que prevenir

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Si lo que quieren es escuchar bazofia políticamente correcta, prueben en la televisión, o en cualquiera de los millones de blogs anodinos que hay por ahí.

Nuestros aliados

Saltándome un par de prohibiciones, a saber, la de no escribir en tiempo de exámenes y la de evitar los temas de actualidad, voy a escribir sobre las últimas andanzas de Israel en la franja de Gaza. El motivo es que, hablando claro y simple, ya me han tocao los güevos.

Partamos de una base tan optimista como ficticia, a saber, que Israel vivía en paz y armonía, sin molestar a nadie, hasta que los malvados palestinos de Gaza se pusieron a tirar cohetes Katyusha de estraperlo y de uno en uno contra sus ciudades. Digo ficticia por que Israel ha sido, con diferencia, el país más belicoso del siglo XX, y eso pese a la grave desventaja de haber sido fundado en 1948. Supongamos también que Palestina fuese un estado soberano como otro cualquiera.

¿Justificaría eso, en caso de ser así cómo lo he pintado, una acción armada por parte de Israel?, pues no parece muy descabellado. ¿Justifica eso que Israel, toda una potencia militar, enfrentada a una infranación como la franja de Gaza se pase por el forro todas las leyes internacionales para tiempo de guerra?, ¿justifica que los servicios humanitarios se lleven cañonazos?, ¿y la censura a la prensa?, y sobretodo, ¿justifica que tengamos que seguir riéndoles las gracias? Juzguen ustedes mismos.

Estamos ante, probablemente, la guerra más asimétrica de la historia de la humanidad; tanto es así que incluso se me hace raro llamarla guerra, y hasta el término incursión de castigo se me antoja corto en significado. Sin embargo son nuestros aliados, y las alianzas, como pueden ver, se parecen más a las aficiones futboleras que a otra cosa.

Cosa curiosa es que la derecha católica española se haya puesto de parte de Israel de una forma ciega e incondicional… su otrora líder, Franco, que no reconoció jamás el estado de Israel, estaría muy disgustado si pudiera verles. Por no hablar de Tomás de Torquemada, que simplemente no daría crédito a sus ojos.

Por otro lado, en occidente estamos siendo testigos de otro tipo de agresión, mucho más sutil y menos grave, a saber, la de los comentarios subnormales aquí y allá, fomentados especialmente por la puta manía de convertir cualquier evento, desde un bombardeo hasta una nevada, en un pseudodebate de política local.

Así, por ejemplo, no es difícil ver a personas adultas afirmar sin titubear que es posible combatir el terrorismo con bombarderos y artillería, lo cuál viene a ser algo así cómo cazar moscas a cañonazos, pero más salvaje aún. Desde luego no duele tanto como recibir un tiro, pero a mí, sinceramente, escuchar a gente adulta diciendo semejantes gilipolleces me causa cierto dolor. Además, la maldita manía de tener a los ejércitos occidentales por garantes de la paz, repletos de héroes y bienhechores, armados más a menudo con mantas y biberones que con ametralladoras, siempre me ha fastidiado bastante, por su insultante falsedad.

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Aprovecho para enviar un saludo a Pedro Vera, uno de los mejores dibujantes de cómics que conozco

Aprovecho para enviar un saludo a Pedro Vera, un auténtico genio del cómic

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Sin duda habrán sido testigos de más de una conversación al respecto. Les presento a continuación una breve guía con frases hechas para que puedan ustedes hacerse los interesantes, sin necesidad de tener ni puta idea no ya de historia, si no de lógica elemental. Incluyo además, respuestas mostrencas, para aquellos de ustedes que piensen, como yo, que ante ciertas personas el uso de la lógica y los buenos modales son una pérdida de tiempo, y vale más decir alguna barrabasada para así, al menos reírse un rato:

– Es que los israelíes han sufrido mucho, y ahora lo pagan con los demás.

¡Espera, espera!, ¿vas a psicoanalizar a un país entero así, sin cobrar?

– Es un tema muy delicado. (Guárdese a continuación un silencio grave, y pásese a continuación a hablar de fútbol).

Hablemos, pues, de Paquirrín.

– Si tan mal están los palestinos, ¿por qué no emigran?

Es que se han acostumbrado al clima del Mediterráneo oriental, único en el mundo.

– Los niños muertos los “pone” Hamás.

Así es, los encargan a París. Además todavía no los han pagado.

– Los palestinos son unos fanáticos religiosos.

El pueblo elegido es, sin embargo, un ejemplo de comedimiento y laicismo.

– No todos los judíos apoyan la guerra.

Hay quien dice, incluso, que hay judíos altos y bajos. Francamente, yo no sé qué pensar.

Si los palestinos tuvieran armas, estarían masacrando a los israelíes.

A no ser que Supermán se pusiera del lado de los israelíes.

Ante la posibilidad de que algún coñacista lea este artículo y se vea tentado a darme la murga en los comentarios, diré explícitamente que tengo dos amigos judíos (cantidad nada despreciable teniendo en cuenta que vivo en España, país cuya “santa” inquisición los espantó a conciencia), uno de ellos israelí. De modo que pueden ahorrarse las acusaciones de antisemitismo… que ya no estamos en los años 30.

También sé que los cohetes Katyusha, aunque tengan setenta años y una precisión de mierda (la cuál aconseja lanzarlos en grandes cantidades, como sabe cualquier aficionado al cine bélico), no tienen ni pizca de gracia; pero las cifras son las cifras. Además, de una organización terrorista pueden esperarse ataques a civiles, pero, ¿de un estado?