Dios y el gramófono

He aquí uno de los dos artículos (segunda parte aquí) que les anuncié, escrito en 2006 para la asignatura Historia y metodología de la física:

El siguiente texto tan sólo pretende introducir, de manera intencionadamente breve (pues cuando se habla de temas simples tan sólo los embaucos son largos), algunas de las ideas del autor. Con objeto de agilizar la lectura del mismo, se han omitido todas las frases del tipo “en opinión del autor”, “yo creo”, etc, lo cual le confiere un aire un tanto engreído. Quede claro, sin embargo, que ninguna de las opiniones aquí vertidas pretende ser inamovible ni autoritaria, pese a que todas ellas son brevemente argumentadas.

Se han introducido, además, al principio de cada uno de los epígrafes, breves citas a otros autores. Estas tienen por objeto tanto situar al lector en el contexto adecuado como hacer más amena la lectura del mismo.

Algunas de las opiniones aquí vertidas tocan temas susceptibles de levantar grandes pasiones, como son la religión y la teoría evolutiva.

El autor no ha intentado ser, ni mucho menos, políticamente correcto. En lugar de eso reivindica su derecho a ser tomado por un cretino por aquellos que no compartan sus ideas.

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His master's voice

His master’s voice

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Para empezar, un ejemplo, el gramófono:

“¡Hablaba! Todos los que estaban en el laboratorio alrededor de la nueva máquina sintieron cómo se les ponían los pelos de punta. Todos excepto uno.”

– Extraído de la biografía de Thomas Alva Edison, en referencia a la invención del fonógrafo.

Si el lector dispone de un reproductor de discos de vinilo, le invito a realizar el siguiente experimento. Ponga un disco a reproducir, y baje por completo el volumen del amplificador; acerque ahora el oído a la aguja, y podrá escuchar la música en todo detalle, si bien con escasa intensidad. En este curioso efecto se basa el funcionamiento tanto de los antiguos gramófonos como de los ya no tan modernos tocadiscos, la única diferencia entre ambos radica en el método de amplificación (mecánico para el primero y electrónico para el segundo).

Olvidemos la amplificación, y pensemos en la aguja. Los microsurcos del vinilo hacen vibrar a la aguja de tal modo que esta reproduce prácticamente cualquier sonido… una misma aguja puede sonar como una canción de los Beatles, o como una instrumental de Dvôrak; esta variedad debe radicar, pues, en la forma y disposición de los microsurcos.

¿Cómo se “tallan” estos microsurcos?, parece evidente que tallarlos con un pequeño cincel resultaría un trabajo verdaderamente titánico y sumamente dificultoso. Aquí llega la idea fascinante. No es necesario tener un control absoluto sobre los surcos del disco, de hecho, la manera de grabar un disco era, al menos en los tiempos de Edison, la siguiente: se calentaba el vinilo para ablandar el material, se colocaba, virgen, sobre el gramófono, y hablando a la misma “oreja” del gramófono se lograba que la aguja, por sí sola, se moviese haciendo las marcas adecuadas para que una vez leídas, produjesen en la aguja el sonido original. En otras palabras, se dejaba todo el trabajo duro a la naturaleza.

La naturaleza nos ahorra una tarea cuya sola planificación teórica hubiera supuesto un trabajo intelectual enorme.

¿Será que la naturaleza piensa?

“El viento agitaba la bandera del templo, y dos monjes discutían sobre ella. Uno decía que se movía el estandarte, y el otro que se movía el aire; discutieron y discutieron sin llegar a ningún acuerdo. Eno, el Patriarca, dijo: – no es que el aire se mueva, no es que el estandarte se mueva; es que sus honorables mentes se mueven-“.

– Extraído de “La plataforma sutra del sexto Patriarca”, de P. Yampolsky.

El autor no puede evitar sentir un escalofrío al imaginar a la pequeña aguja haciendo por sí sola su complicadísimo trabajo.
Pero, un momento, …la frase anterior contiene dentro de sí una aparente paradoja… ¿cómo es posible que algo tan simple como una aguja unida a una bocina realice por sí sola cualquier tarea complicada? Lo que realmente ocurre es que lo que es complicado es entender lo que está ocurriendo , y la naturaleza ni entiende ni piensa, tan sólo actúa de la única manera de la que puede hacerlo. Consecuentemente, la naturaleza carece de intención alguna al actuar, lo cual debería ser suficiente para tirar por tierra cualquier tipo de teoría teleológica.

De hecho, lo que sería verdaderamente sorprendente sería que el gramófono no funcionase.

No cabe duda de que los surcos grabados por la aguja en el disco forman un sistema altamente organizado y complejo, que ha sido creado casi espontáneamente (tan sólo fue necesario fabricar el sencillísimo mecanismo del gramófono, más sencillo aún si se compara con la complejidad del resultado), y desde luego sin mediación de inteligencia alguna.

Quién quiera entender que entienda:

“Huxley dijo que no estaría avergonzado en absoluto de tener a un mono por antepasado, pero sí se sentiría “avergonzado de descender de un hombre que emplea su conocimiento y su elocuencia para oscurecer la verdad””.

– Del debate entre T. H. Huxley y el obispo de Wilberforce, acaecido en la Universidad de Oxford el 30 de Junio de 1860, poco después de la publicación de “El origen de las especies”.

Tras todo lo visto anteriormente, queda claro que cualquier intento de comprender la naturaleza ha de ser lo menos antropocentrista posible, pues la naturaleza no obra, ni mucho menos, de forma análoga a como lo hace el ser humano.

La experiencia nos muestra cómo a la inmensa mayoría de las personas les cuesta adoptar esta postura, ya que supone, de algún modo, “bajar del pedestal” y uno puede llegar a sentirse como una insignificante pieza de un reloj… pero si nuestra intención, como científicos, es ampliar el conocimiento, mejor será que empecemos cuanto antes a aceptar la realidad.

No cabe duda después de lo dicho aquí que una de las consecuencias del antropocentrismo es

La idea de Dios:


“Y Dios consideró que esto era bueno

y dijo, “hagamos al ser humano
a nuestra imagen y semejanza.
Que tenga dominio sobre los peces del mar,
y sobre las aves del cielo,
sobre los animales domésticos
sobre los animales salvajes,
y sobre todos los reptiles
que se arrastran por el suelo”.

Génesis 1:26.

En la totalidad de religiones conocidas por el autor aparece una constante: discursos autocomplacientes que intentan justificar la “evidente” superioridad del género humano, con dioses que, ya tengan forma de serpiente, de oso, o ninguna forma en absoluto, si que parecen razonar de manera parecida a la de los humanos (al menos según los sacerdotes, personas que ni se sonrojan al decir en una misma frase que ellos son mensajeros de la voluntad de Dios y que la voluntad de Dios es incognoscible). Además, todos los dioses siempre “nombran jefes” a los humanos, difícilmente podía desearse una situación mejor. Y es bien sabido que al hombre le encanta negar la realidad, sobretodo cuando le es adversa, para inventarse una alternativa imaginaria en la que todo funciona según le apetece. Si el lector necesita ejemplos de esta fantasía, basta con que abra cualquier periódico de los últimos diez años y busque noticias relativas a la política.

La cosa parece evidente tras un poco de reflexión, es el ser humano el que creó a Dios a su imagen y semejanza.

Pero, ¡todo es tan bello y armonioso!

“Dios no juega a los dados con el Universo”

Extraído del debate entre A. Einstein, N. Bohr y W. Heisenberg, 1927.

Si a éstas alturas el lector todavía sigue considerando que la “perfección” y la “armonía” requieren de la mediación de una inteligencia, el autor se permite sugerirle que vuelva a empezar a leer desde el principio.

La propia idea de armonía procede de nuestra observación del entorno, de modo que es una auténtica bobada el sorprenderse por que el entorno aparezca armonioso. Sin embargo este absurdo ocurre muy a menudo. Es más, existen gran cantidad de personas que, siendo ateas, se convencieron de la existencia de Dios tras el estudio riguroso de la ciencia, precisamente cegadas por la belleza y armonía de la naturaleza, sin darse cuenta de que fue la observación del universo quién grabó en su mente el concepto de orden, e incluso el de belleza.

Alguien podría objetar: “¿y el arte?, todos tenemos una idea de lo que es bello y lo que no”… y en este caso se pecaría de etnocentrismo. El concepto de belleza varía según el lugar en el que uno se encuentre, y también según la época. Desde el punto de vista europeo, por ejemplo, el arte tradicional inuit resulta intrigante y aterrador, y el cánon de belleza femenino dista mucho de parecerse a la venus de Willendorf.

Todo esto no viene si no a apoyar mi tesis de que el concepto de belleza es adquirido.

Ya va siendo hora de acabar:

“La gran masa del pueblo (…) puede caer más fácilmente víctima de una gran mentira que de una pequeña”.


– Adolf Hitler.

“No es hasta recientemente cuando los científicos se han dado cuenta de que toda la materia se mantiene unida por atracción (fuerza de cohesión), y por energía. O sea por “cosas que no se ven”. La ciencia cada día descompone más y más el átomo y la tendencia luce presentar el dilema de que en realidad ¡nada es físico o tangible, si no energía! POR FAVOR CONSIDERE ESTA ESCRITURA BIBLICA:

“Cristo es la imagen visible de Dios, que es invisible; es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado. En él (Cristo) Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio, autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden”. Col. 1:16

Sólo esta declaración, al ser comparada con las primeras Leyes de la Termodinámica debería ser razón como para que si algún lector de estas letras no creía en Dios, ahora tenga más que razón suficiente para ponerse de rodilla y decir:

Dios Padre, me he dado cuenta que he pecado contra ti. Ahora creo que la Biblia es la Palabra de Dios, que Jesús es ciertamente el Hijo tuyo. Yo creo con todo mi corazón que Jesús murió en mi lugar, por mis pecados, en la cruz y que después de tres días resucitó. De ahora en adelante dejaré de hacer lo malo y caminaré el camino que Jesús me ofrece. Ahora te pido que me des vida eterna y entendimiento. Que escribas mi nombre en el Libro de la Vida. De ahora en adelante te seguiré todos los días de mi vida. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

– Dawlin A. Ureña, miembro de la asociación “científica” Creation Research Society.

Tal y cómo dije al principio, cuando se habla de temas simples tan sólo los embaucos son largos. Como no podía ser de otro modo, millones de personas dedican toda su energía a intentar convencerse y convencer al prójimo, mediante larguísimos y retorcidos argumentos (y esto sólo en el mejor de los casos), de que, efectivamente, contra toda evidencia, el ser humano ocupa un lugar privilegiado en el Universo.

Reunir y discutir todo lo que se ha dicho y se dirá al respecto es una tarea abrumadora y crispante, y además, la experiencia demuestra que sólo muy rara vez resulta fructífera, si el objetivo es hacer ver a quién no quiere ver.

Continuar a la segunda (y última) parte.

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11 Respuestas a “Dios y el gramófono

  1. Pingback: Autobuses malditos « Ponga un mostrenco en su vida

  2. Mensaje borrado a petición del usuario.

  3. Pues a mí este texto me ha parecido muy políticamente correcto, quien se moleste leyendo esto debe tener una grave enfermedad mental y debería hacérselo mirar.

    El ser humano se cree mierda y no llega a pedo, qué le vamos a hacer, cree que todo tiene una intencionalidad y que las cosas maravillosas y armoniosas de la naturaleza tienen que tener un origen inteligente, valientes gilipolleces.

    Es la configuración de nuestro cerebro (un afinadísimo separador de hiperplanos), el que nos dice cuando algo es bello, comestible, armonioso, atrayente y cuando no, ha sido cuestión de evolución.

    Un cerebro configurado para encontrar bello lo que no debe serlo, no sobrevivirá pues funciona mal (de ahí tantas filias extrañas que tiene la gente) El extraño número irracional fi o áureo es comprendido por el cerebro humano como la proporción más bella de la que está dotada la naturaleza, una persona atractiva físicamente para otras personas probablemente tenga ese número presente en cada parte de su cuerpo y su rostro, se ha demostrado, los rostros bellos confirman el número áureo una y otra vez, así como muchísimas cosas en la naturaleza.

    Todo gracias a que la casualidad y la selección hizo a nuestros cerebros así, de otra forma, tal vez el número bello para el cerebro podría ser otro cualquiera.

  4. Muy bueno, una de las mejores revelaciones que he visto del mecanismo mental tras el antropocentrismo y la idea de diseño inteligente. Estupendo el ejemplo del surco en el disco de vinilo.

    Un saludo

  5. Gracias Gerardo. He echado un vistazo a tu blog, y me ha gustado lo que he visto. Se queda en mis favoritos, y seguramente me suscriba.

  6. Gracias a ti por la visita también. Tengo muy abandonado; pero acabo de arrelar ese vídeo del que me avisaste, por si quieres verlo.

    Un saludo…

  7. La verdad es que no sé que decir ¿que me ha parecido un artículo magnífico? Pues así es. Sencillamente. ¡Saludos!

  8. Gracias Max, ¡así da gusto!

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