Archivo mensual: agosto 2009

Mediocridad

En los últimos años se ha venido produciendo una verdadera exaltación de la mediocridad que va in crescendo. En la década de los 90, el mero hecho de que a un muchacho no le gustase el fútbol era considerado una provocación por sus compañeros de clase e incluso por algunos profesores. Más adelante, cualquier desviación de la normalidad, ya fuese una psicopatía brutal o simplemente el hecho de no ver la tele, te llevaba de cabeza al despacho del orientador.

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Todos igual

Todos igual

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Fuera del campo de la educación, éste amor por la mediocridad brilla con luz propia en el mundo de la política. Los políticos de más alto rango suelen destacar por su sosez, su ñoñería extrema y su ignorancia monda y lironda… por no hablar de su insoportable oratoria, que parece estudiada al milímetro por sus asesores precisamente para ser mediocre, para no decir nada.

En relación con éste intenso romance con lo mediocre, hoy ha aparecido en todos los medios una noticia bastante excéntrica. Al parecer, una niña holandesa de 13 años, planeaba dar la vuelta al mundo en solitario en un velero, con el permiso de sus padres, y, pese a su juventud, con varios años de experiencia en el mundo de la navegación (hace poco navegó en solitario hasta Gran Bretaña, para sorpresa de las autoridades portuarias).

El gobierno holandés, tras desatarse una gran polémica, ha decidido quitarle la custodia a los padres. El núcleo de la argumentación del gobierno holandés ha sido la importancia de la educación psicosocial (la niña se había comprometido a estudiar y examinarse de las materias necesarias durante el viaje, a través de Internet) en la adolescencia para el desarrollo de la personalidad, además del peligro de que la niña sufra algún daño físico. Verdaderamente sorprende ese alarde de paternalismo por parte de un país que siempre ha sido la punta de lanza del derecho a la libertad individual.

Si bien es cierto que la cuestión no es baladí, el hecho de que se haya producido una prohibición tan tajante y tan salvaje (retirada de custodia incluída… todo en pro de la salud mental de la niña) basada además en argumentos como esos, me resulta, personalmente, descorazonadora.

Le deseo la mejor de las suertes a Laura Dekker. Algún día será una excelente publicista, psicóloga de empresa, relaciones públicas o agente inmobiliaria; adicta al Valium en todos los casos.

En definitiva, una persona perfectamente integrada en el siglo XXI.

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Diccionario de supervivencia

Hace poco encontré, en la biblioteca pública de mi localidad, un libro muy curioso y muy mostrenco llamado Diccionario de Supervivencia, de Rüdiger Nehberg. El tal Rüdiger es un mostrenco alemán, que, entre otras hazañas, ha cruzado el Atlántico en una barca a pedales. Al contrario que otros libros sobre supervivencia, centrados más bien en el excursionismo, éste diccionario tiene miras más amplias. Podemos encontrar desde consejos sobre cómo cazar una liebre u orientarse por el sol, hasta cómo fingir una enfermedad en la cárcel, y cómo fugarse luego desde el hospital.

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El autor

El autor

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Copio a continuación, a título de ejemplo, la entrada que aparece bajo el epígrafe piratas, justo entre pirañas y pistola.

Piratas. Continúan existiendo igual que antaño, y con la misma falta de escrúpulos. Si nos aventuramos en barco deberíamos conocer de antemano los lugares en que podemos encontrarlos. Los hay en los ríos (Orinoco, en la frontera colombiana) y sobre todo en los mares (África occidental, Extremo Oriente, Caribe). Fingen haber sufrido un naufragio y piden ayuda, y cuando nos acercamos abren fuego con sus ametralladoras, o disponen de barcos tan rápidos que se nos echan encima directamente, aprovechando a veces la oscuridad de la noche. A menudo lo hacen descalzos, asesinan a la tripulación y hunden el barco para evitar testimonio alguno.

Si somos propietarios de un barco tenemos derecho a llevar un arma, e incluso deberíamos hacerlo obligatoriamente. En caso de urgencia, las señales luminosas pueden ser de utilidad como armas, puesto que pueden alcanzar los 2000 ºC y asar a cualquier maleante.

Ante el peligro de que alguien penetre descalzo en nuestro barco, es conveniente (junto con otras alarmas, o un perro) salpicar la cubierta de chinchetas. Podemos dejar junto a la borda medio metro libre de chinchetas para que los ladrones no se den cuenta del truco. A la mañana siguiente no hay más que recogerlas y guardarlas.

No intentemos acercarnos si no vemos muy clara la supuesta avería del otro barco. Es mejor mantenerse a distancia y esperar a que se acerquen con su propio bote, o reclamar ayuda por radio.

Si pese a todo se produce un ataque, podemos tener preparado algún que otro cóctel molotov. Debemos permanecer tranquilos en cubierta hasta el momento del abordaje.

La conquista de Guam

Como estoy de vacaciones, hoy hablaré de una curiosidad histórica. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?, pues que al hablar de historia el argumento me lo dan hecho, y no me lo tengo que inventar yo. Vamos a ello:

Durante el final del siglo XIX el colonialismo estaba en su fase más salvaje. Las grandes potencias europeas se habían lanzado a la conquista de África, Oriente Medio, la India, Indochina, las Indias Orientales, Siberia, Australia y las islas del Pacífico. Intentaron también, literalmente, “repartirse” China, lo cuál desencadenó en el año 1900 la rebelión de los Bóxers, uno de los conflictos más peculiares de la historia.

Estados Unidos, por su parte, se anexionó una enorme parte de México a mediados de siglo, que todavía hoy conserva, tras la guerra Méxicana; además, en 1867, compró a Rusia el territorio de Alaska. Dió lugar también a individuos como William Walker, aventurero que intentó, entre otras lindezas, conquistar Nicaragua y Honduras a lo “freelance”, hasta que acabaron fusilándolo. Y por último, las intenciones expansionistas norteamericanas dieron lugar en 1898 a la guerra entre Estados Unidos y España, pues ésta última nación aún conservaba en el Caribe las colonias de Cuba y Puerto Rico, así como las Filipinas y otras islas del Pacífico.

La situación española era sumamente precaria en todos los aspectos, dando lugar a gran cantidad de chistes tragicómicos sobre dicha guerra. Probablemente la historia más característica de toda ésta guerra fué la de la conquista de Guam, en el Pacífico.

La única defensa de la isla era un fuerte bastante obsoleto. El 20 de Junio de 1898 divisaron a lo lejos un buque americano de última generación, el USS Charleston. Según llegó a la isla, el Charleston disparó todos sus modernísimos cañones contra el fuerte, pero no obtuvo respuesta alguna. Poco después, una pequeña barca zarpó del puerto en dirección al Charleston. En ella viajaba el gobernador de la isla, acompañado por un puñado de oficiales. Les subieron al buque de guerra, y allí, el gobernador español pidió al capitán americano que le prestase un poco de pólvora.

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El USS Charleston

El USS Charleston

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Lo que había sucedido era una auténtica cadena de ridículos avergonzantes. En primer lugar, el gobierno de la metrópoli no había comunicado a Guam que se encontraban en guerra (a pesar de que ya se había inventado la radio, y de que la guerra había empezado dos meses atrás). En segundo lugar, ni uno sólo de los cañonazos americanos había alcanzado al fuerte, haciendo que los españoles tomasen la salva por un afectuosísimo saludo, al que no pudieron responder por carecer de pólvora.

Los oficiales fueron hechos prisioneros, y así Guam se tomó sin baja alguna. El capitán americano decidió destruir las fortificaciones españolas en la isla ante el riesgo de que fuese recuperada por España, ya que el destino del Charleston eran las Filipinas; pero tras ver el lamentable estado de deterioro de las mismas decidió respetarlas.