Brevísima historia de los números (II): Una palabra para cada número

Segundo artículo de la serie publicada originalmente en Naukas:

El otro día hablábamos aquí de cómo escribir los números. En ésta segunda parte, trataremos un problema muy semejante: si hay infinitos números, ¿cómo hacemos para ponerle un nombre distinto a cada uno?

Rápidamente damos con la respuesta: las palabras que definen los números se construyen a partir de solo unas pocas, de modo parecido a cómo cualquier cifra se puede expresar combinando números del 0 al 9. Así, por ejemplo, para nombrar el número 93 utilizamos la raíz de nueve y la de tres para formar la palabra noventa y tres. Sencillo y lógico, ¿verdad?

Sin embargo, el problema de nombrar los números implica tener previamente un concepto de los mismos, y esto a su vez implica un nivel de abstracción que requiere de cierto desarrollo.

Los antropólogos muestran un razonable acuerdo en que la mayoría de culturas primitivas solamente tenían unos pocos numerales, por ejemplo: una palabra para ninguno, otra para uno, otra para dos, y otra para más de dos.

Uno de los motivos por los que piensan así es que todavía hoy quedan idiomas en los que se da ésta curiosa situación. El caso más conocido es el de los Warlpiri de Australia central. En éste vídeo se ve de manera muy elocuente.

Pero no hace falta irse al outback australiano para encontrar indicios de éste fenómeno: en muchas lenguas modernas, los primeros numerales suelen tener características especiales, lo cual parece indicar un origen aparte del resto de numerales. Echaremos un rápido vistazo a tres lenguas europeas: el español, el portugués y el inglés.

En español el número 1 tiene género (uno y una), pero los demás son neutros. En portugués, el género se extiende también al 2, distinguiendo entre um y uma (uno y una), dois y duas (dos masculino y dos femenino). En inglés todos los números tienen género neutro, y one sirve tanto para uno como para una:

tabla1

Numerales con y sin género

Otra peculiaridad: en español (y de hecho también en las otras tres lenguas analizadas) la raíz de los ordinales y los numerales también es diferente solamente en los dos primeros casos. Me explico: séptimo tiene la misma raíz que siete, pero primero no tiene la misma raíz que uno, y segundo no tiene la misma raíz que dos. En una tabla lo veremos más claramente:

tabla2

Ordinales con sus raíces

Todas estas peculiaridades son indicios de que, durante el desarrollo del lenguaje, estos números “pequeños” se han considerado cualitativamente diferentes al resto.

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3 Respuestas a “Brevísima historia de los números (II): Una palabra para cada número

  1. Lo curioso es que, en lo que se refiere a la lingüística, cuando una cultura empieza a contar más allá del tres, lo más frecuente ha sido la base decimal, pero hay casos de lenguas cuya base es el 20 con el diez como división interna, el cinco (con una donde el 25 es el número naturalmente superior), el doce y hasta hay una en que es el ocho, porque cuentan con los huecos que hay entre los dedos; lo que usé para tomarle el pelo a mi padre, diciéndole que en un sitio del mundo contaban con algo que “al mismo tiempo está y no está en las manos”.

    Además, muy a pesar de nuestra base lingüística, hay todavía sistemas métricos duodecimales (el inglés, sin ir más lejos) y hasta en Grecia se dividían algunas monedas en 64 partes, como la lengua de la que hablaba más arriba. Está claro que nuestra abstracción puede superar nuestra base lingüística, y por eso estoy interesado en leer un libro donde se trate abundantemente del tema.

    “Rápidamente damos con la respuesta: las palabras que definen los números se construyen a partir de solo unas pocas, de modo parecido a cómo cualquier cifra se puede expresar combinando números del 0 al 9. Así, por ejemplo, para nombrar el número 93 utilizamos la raíz de nueve y la de tres para formar la palabra noventa y tres. Sencillo y lógico, ¿verdad?”
    Pues no creas, los más lógicos son los chinos y los países influidos por ellos. Por ejemplo, 789 se dice qī bǎi bā shí jiǔ, literalmente “siete cien ocho diez nueve”. Eso es ser directos y al ajo.

    Además, nuestro sistema está liado porque, en realidad, ahora contamos al revés que cuando se hacía antiguamente. Se nota con los números del once al quince, donde “-ce” proviene de “-decem”, esto es, “-diez”. Esto se nota cuando se estudia griego clásico, donde la unidad precede a la decena o, mejor todavía, alemán, donde todavía se dice “zweiundzwanzig”, esto es, “dos y veinte”. Como sabes neerlandés, sabrás de lo que hablo.

    Pero el mayor ejemplo de numerales liosos es el francés de la propia Francia, que es decimal hasta el 60, y a partir de ahí empieza a ser sexagesimal hasta el 100. Por ejemplo, setenta es “soixante-dix”, setenta y uno “soixante-onze” y así hasta ochenta, que es “quatre-vingts”, ochenta y uno “quatre-vingt-un(e)” y así hasta noventa, que es “quatre-vingt-dix”, noventa y uno “quatre-vingt-onze” y así hasta noventa y nueve, que es “quatre-vingt-dix-neuf”. Este lío empezó con el bretón, que usa un sistema vigesimal de división decimal, como comentaba anteriormente. No obstante, fuera de Francia, aún se usan los equivalentes de setenta y noventa, con el de ochenta prácticamente extinguido en todas sus variantes.

    “Pero no hace falta irse al outback australiano para encontrar indicios de éste fenómeno: en muchas lenguas modernas, los primeros numerales suelen tener características especiales, lo cual parece indicar un origen aparte del resto de numerales.”
    También se puede ver por el número… gramatical. ¿Te suena el dual? Existía en el antiguo indoeuropeo y en muchas de las lenguas que descendieron de este, como el griego antiguo, pero se ha perdido en la gran mayoría de casos. El latín, en ese sentido, era “moderno”, aunque siguiera distinguiendo género para la palabra “dos”. También se nota con palabras como “ambos”, que no tienen equivalentes para otros números. Lo mismo ocurrió con las lenguas semíticas, siendo el árabe estándar el único que sigue usando dual.

    Por cierto, el francés tiene el caprichoso gusto de tener una forma regular para decir segundo, “deuxième”, aunque existe “second(e)”. Aunque esta página comenta que se distinguen en un pequeño matiz de significado, siendo la forma regular para cuando hay al menos un tercer elemento y la irregular cuando la segunda es la última:

    http://www.carriereonline.com/e/orthographe—quelle-est-la-difference-entre-deuxieme-et-second–.html

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