Los peligros del “todo gratis”

Fiestas patronales en una pequeña ciudad española; siglo XXI. Aclaremos, siglo XXI después de Cristo.

El Ayuntamiento organiza una paella popular. Cientos de jubilados hacen cola desde primeras horas de la mañana para ser los primeros en recibir su ración.

Pasan las horas, aumenta la cola, ya queda poco tiempo. Alguien comenta que no habrá paella para todos; el mensaje se propaga, cunde el pánico.

Vuelan las vallas que marcaban la fila, los organizadores intentan mantener el orden y se llevan un buen chorro de hostias. A uno le rompen un brazo de un bastonazo.

La horda aborda la paellera gigante con ansias pantagruélicas, llegando a servirse incluso con las manos desnudas. Uno se cae dentro de la gigantesca paellera. No hay dolor, hay paella; es gratis.

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Los afortunados que han logrado coger su ración, huyen de allí para comérsela en un lugar tranquilo, igual que éste simpático mapache:

Cuando se disuelve el tumulto, el lugar queda cubierto por una decena larga de ancianos caídos en la refriega, quejándose de  diversos dolores, al más puro estilo de los campos de batalla medievales.

Sin duda, valió la pena.

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4 Respuestas a “Los peligros del “todo gratis”

  1. Yo he visto en el centro de Madrid largas colas de gente esperando pacientemente a que les llegara el turno de recibir un café gratis que ofrecía un tenderete publicitario de no sé qué marca. No eran indigentes, eran ciudadanos prósperos y bien vestidos, todos ellos con aspecto de poderse pagar no ya un café, sino una buena comida en la cafetería de la esquina sin el menor problema. Pero lo de la gratuidad es un atractivo, por lo visto, más poderoso que el café o la paella, que igual ni les gustan: lo que les gusta es que sea gratis, y están dispuestos a hacer cola y hasta a pegarse por no renunciar a ello.

    Es un misterio más de los muchos que ofrece ese misterioso animal que somos.

  2. Mira que en dos horas he leído catorce entradas, incluyendo una historia de asesinatos con supuestos brujos, pero has logrado con apenas unas palabras haber escrito la anécdota más esperpéntica.

    Y mira que podríamos decir que nada en rigor es gratis, otros habrán trabajado para que lo disfrutemos.

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