Potas y astronautas

Uno de los recuerdos más antiguos que conservo es el de un tipo, borracho perdido, dando tumbos en este callejón de la capital alcarreña:

callejón

A media altura se detuvo, se apoyó en la pared de la derecha y echó una espectacular pota de color rojo intenso.

Por aquel entonces yo debía tener unos 4 años, y pensé que el hombre había vomitado sangre. Ya apuntaba maneras mi inquietud científica: logré convencer a mi padre para que me acompañara a investigar lo sucedido. Sobre el terreno, comprobamos que la vomitona no era de sangre, sino de vino. En mi candidez infantil, esto último me resultó tan extraño como mi primera hipótesis.

Sospecho que fue aquel día cuando comenzó a fraguarse mi fascinación por el acoholismo, las macarradas y la degeneración. Fascinación esta eclipsada únicamente por mi fascinación por la ciencia… que también encontraría su lugar en esa estrecha calle. En la actualidad, en ese mismo callejón hay dos graffitis de astronautas. Concretamente uno de Yuri Gagarin y otro de Bruce McCandless II.

2013-10-19 11.09.33

Es un callejón bastante cutre, pero me encanta.

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7 Respuestas a “Potas y astronautas

  1. Ostras, ya me gustaría tener cerca de casa dos graffitis así.

  2. Hay infancias que ya marcan al futuro adulto. En tu caso, el callejón debía ser dual: macarra por un lado, científico por el otro. ¡Asombroso!

  3. “Mi espíritu científico surgió cuando mi padre me acompañó a investigar una pota de vino”. Espero que no lo pongas algo así en tu CV.

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