Cosas de mamás

Te puedes cruzar con ellas en cualquier sitio, pero yo tuve la suerte de hacerlo en un autobús de media distancia.

Eran mamás, mamás primerizas yendo a trabajar a las seis de la madrugada a otra ciudad. Parecía que conversaban, pero bastaban unos segundos para comprobar que no era una conversación normal.

El ritual comenzó con la mamá número 1 hablando de los mocos de su bebé. La otra, la mamá número 2, cometió la imprudencia de hablar de las babas del suyo, y dio comienzo el duelo. Una y otra empezaron a enumerar, por turnos, aunque sin dar signos de estarse escuchando mutuamente, un detallado compendio de humores, esputos y miasmas de sus pequeños.

A continuación pasaron a las características físicas. Peso al nacer y peso actual, picos de temperaturas durante procesos febriles, número de dedos en manos y pies (éste asunto lo trataban con siniestra insistencia) y diámetro craneal (dato éste último de especial relevancia, ya que constituye una fiel indicación cuantitativa del heroísmo exhibido durante el parto).

Juro que, de principio a fin, aquello parecía una competición por ver cuál de los dos pequeñuelos era más cabezón y cagaba más negro.

Lo más curioso es que, hasta dónde he podido comprobar, el ritual se repite día tras día sin apenas variaciones. Se tratan los mismos temas, se apuntan los mismos detalles y se producen las mismas reacciones una y otra y otra vez.

P.S: éste curioso asunto me recordó, inevitablemente, al fascinante fenómeno sociológico de los círculos de interinos. Júntese a varios interinos de secundaria; independientemente de si se conocen o no, pronto empezarán a enumerar sus méritos, aspiraciones y nivel de inglés… uno detrás de otro, hasta regresar al primero. Entonces volverán a empezar, una y otra y otra vez, sin aparente cansancio.

Recientes estudios afirman que los misteriosos crómlech celtas, cuyo más espectacular exponente es Stonehenge, estaban destinados a acoger éste tipo de conversaciones cíclicas.

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7 Respuestas a “Cosas de mamás

  1. Luego que si Newton, Kant, Tesla, y Erdös murieron sin conocer hembra… No me extraña.

    Y eso que esos señores no sabían lo que era una interina. En ese caso directamente se habrían suicidado.

  2. Ja ja ja… hacía tiempo que no me pillabas desprevenido.

  3. Más normal de lo que puedes creer. Incluso cuando los niños sean talluditos, seguirán narrando sus méritos.

  4. Hola, soy una de esas madres. No encuentro nada más interesante en este mundo que los mocos y las cacas de mi niño. ¿Qué pasa?

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