Romanticismo de aerolínea

Desde niño me encantaron las novelas de aventuras, especialmente las que tenían lugar en el mar… quizá debido a que queda muy lejos de mi Guadalajara natal. Por mis manos pasaron Salgari, Melville, Conrad, Stevenson, … mucho antes de haber puesto siquiera un pie en un barco.

Mi primer viaje en avión fue en el año 2002. Viajaba de Madrid a Miami sentado en una ventanilla, a estribor. A pesar de lo aparentemente prosaico de la situación yo estaba completamente fascinado por la idea de cruzar el Atlántico.

El avión despegó y rápidamente se colocó sobre las nubes… apenas pude ver el suelo durante cinco minutos. La mayor parte de la travesía tuve que conformarme con imaginarme en curso del avión, pues en el exterior no se veía nada más que un deslumbrante resplandor de color blanco.

Me entretuve pensando en la cantidad de pioneros que habían pasado penurias, e incluso encontrado la muerte, haciendo en barco el viaje que yo hacía ahora cómodamente sentado en un avión de pasajeros.

Llevábamos ya varias horas de viaje cuando por fin se despejaron las nubes; lo que vi a continuación no lo olvidaré jamás. Estábamos a la altura de Cape Cod, y allí mismo, justo debajo de mí, como una maqueta o un juguete, apareció la isla de Nantucket.

Reconstrucción aproximada de la vista usando Google Earth

Reconstrucción aproximada de la vista usando Google Earth

Para un tipo que, como yo, flipó leyendo Moby Dick, éste fue un momento mágico. Durante un rato me sentí flotando en las nubes, ¿acaso no lo estaba?

Observé que mis compañeros de viaje no compartían en absoluto mi entusiasmo. Caras largas y aburridas, y alguna que otra queja por la lentitud de las azafatas.

Mientras tanto, ahí fuera, parecía que solamente yo prestaba atención al desfile de Long Island y la desembocadura del Delaware.

Poco después regresaron las nubes, y ya no había nada más que ver. Gracias a ello, pude olvidar mis ensoñaciones y volver al mundo real, a ocuparme de los asuntos reales e importantes que atañen a la gente seria y con los pies en el suelo, como pedir la cena mientras veía una película infame.

Salía Julia Roberts, y estaba llena de deliciosos y románticos malentendidos aptos para todos los públicos.

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Una respuesta a “Romanticismo de aerolínea

  1. Te comprendo. Cuando yo fui a Múnich, todos alucinábamos con los Alpes, que brillaban bajo un sol precioso. Eran jóvenes en su mayoría, así que es comprensible.

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