El triunfo de la voluntad

Si no me falla la memoria, fue hacia 1997.

Como muchos otros niños, yo comía en el comedor del colegio. Una experiencia no demasiado grata que, bordeando ya los 13 años, muchos considerábamos que podíamos ahorrarnos comiendo en casa, aunque fuese solos.

Comenzaron las negociaciones con nuestros padres, que no terminaban de ver claro aquello de que cocinásemos platos, por simples que fuesen, sin su supervisión. La mayoría de padres optaron por mantener las cosas como estaban.

Pero uno de nosotros, un irreductible, un auténtico pionero, optó por tomar las riendas del asunto de un modo que jamás olvidaré. Ese día llegó taciturno al comedor, y no tocó su plato. Aguantó estoicamente la bronca de las cuidadoras, y fue castigado a quedarse sentado a la mesa hasta que terminase de comer.

Sus compañeros de mesa fuimos acabando uno tras otro. Yo le esperé un rato, pues éramos amigos, hasta que solamente quedamos él y yo en la enorme sala. Pero insistió en que saliese sin esperarle.

Tan pronto como salí por la puerta, escuché un gran escándalo y me giré. Allí estaba mi amigo, de pie sobre la mesa, llamando la atención de las cuidadoras. Una vez se hubo asegurado de que haber captado la atención de todas y cada una de ellas, sacó la chorra y meó sobre su plato, sin preocuparse demasiado por la puntería.

Expulsión inmediata e innegociable. Desde aquel día, comió en casa.

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7 Respuestas a “El triunfo de la voluntad

  1. Ojiplático estoy, pero eso sí, ¿¿cuidadoras?? ¿Es que tu colegio era un zoo?

    • Cuidadoras, así las llamábamos.

      Esto era antes de que la APA (Asociación de Padres de Alumnos) pasase a llamarse AMPA. Siempre me hizo mucha gracia ese nombre, que evoca los tiempos de Al Capone y la Ley Seca.

  2. ¿Y por qué montó ese cirio ante las cuidadoras (el escalón más bajo de la jerarquía escolar) en vez de montárselo a sus padres (la máxima autoridad familiar), que eran los “culpables” de su permanencia en el colegio a la hora de comer? Una meada sobre el pavo de navidad sería suficiente.

    Espero que al menos lo hayan obligado a limpiar lo que ensució y que no hayan tenido que cargar con ese trabajo extra las limpiadoras (las otras ocupantes del último escalón de la jerarquía escolar).

    • Ignoro qué cirio montaría en casa, pero el que armó en el colegio fue el definitivo.

      Acostumbrados como estamos a conductas inmorales a la par que ineficaces, las inmorales y eficaces me resultan hasta simpáticas.

  3. Fue definitivo porque sus padres cedieron ante la gamberrada, muy probablemente una más de las que su retoño hacía habitualmente para salirse con la suya. Es lo que tiene una mala educación desde los 0 a los 13 años, que cuando los chavales llegan a la adolescencia pasan fácilmente de reyes de la casa a tiranos.

    Es más, yo diría que muchos de nuestros gobernantes fueron así de niños, acostumbrados a hacer su voluntad sin preocuparse de quienes pagarían los platos rotos :).

    Un saludo

    • Carmenou, sus padres no cedieron ante la gamberrada: fue expulsado del comedor.

      Y hacer una lectura política a raíz de una anécdota sobre un chaval un poco pasao de rosca es un pelín delirante. Sin acritud, ¿eh?

      • Los niños son niños, pero no son tontos, y un chaval de trece años sabe perfectamente quien manda. Y obra en consecuencia, minimizando los riesgos.

        Por otra parte, supongo que el colegio actuó dentro de la legalidad y expulsó al héroe solo por tiempo limitado, así que si su salida del comedor fue definitiva debe agradecérselo únicamente a sus padres.

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