Archivo mensual: noviembre 2014

El vendedor de sueños

No se sabe muy bien cómo, la pareja acabó en aquella infame reunión. Música estridente, trajes baratos, muchos bailes y alaridos… y todo en torno al mismo concepto: el dinero fácil.

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Entra, únete. Todo el mundo gana dinero, ¿vas a ser tú el único pringado que se quede fuera?

Como ni él ni ella eran gilipollas redomados, sabían desde el principio que aquello era un timo, una estafa piramidal. Sus reticencias no pasaron desapercibidas para los expertos en ventas, esos seres engominados que te tocan mientras hablan, y que cuidan hasta el más mínimo detalle de su aspecto físico para poner en guardia a cualquiera con más de dos dedos de frente.

El vendedor experto los llevó aparte, para preguntarles cómo era posible que no participasen de la demencia general. Ellos intentaron excusarse educadamente, no les interesaba el “negocio”, pero por supuesto el comercial no les iba a dejar marchar tan fácilmente. Se produjo la siguiente conversación, que creo digna de reproducir aquí:

– ¿Pero no queréis ser ricos?

– No así.

– ¿Cómo?, este es un negocio legal, puedo demostrarlo.

– Pero si ni siquiera venden nada concreto.

– Mira, no penséis en eso, pensad en lo que podréis hacer con tanto dinero. ¿No tenéis sueños?

Tras un silencio incómodo, él responde:

– Claro que los tengo, pero no te los pienso contar a ti.

El comercial, recordando sus apuntes de embaucamiento de la escuela de empresariales, buscó la complicidad de ella. Quizá ella sí sea imbécil, debió pensar, y girándose hacia la mujer, preguntó:

– ¿Y tú?, ¿cuál es tu sueño?

A lo que ella respondió, con voz alta y clara:

– Mi sueño es follarme a la plantilla entera del Logroñés. ¡Y ahora nos vamos!

El salvaje comentario de la educada señora surtió efecto. El sortilegio se rompió, quedaron libres. Con la cabeza bien alta y la cartera intacta, regresaron al mundo real.

El icono azul

El siglo XXI tiene estas cosas. La semana pasada, todos fuimos testigos del lloriqueo generalizado a causa de una nueva funcionalidad de Whatsapp, que llegó incluso a ocupar titulares.

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Además de las habituales quejas en Twitter, esa red que tiene la extraña capacidad de sacar nuestro lado más idiota, asistimos a sesudos razonamientos sobre cómo podría este asunto afectar a las relaciones humanas.

Si tu pareja te deja, si tu amigo se cabrea contigo, … puedes estar tranquilo, la culpa es del icono azul. Que seas un gilipollas y un miserable no tiene nada que ver.

Me permito añadir una reflexión con muy mala leche. ¿Qué lleva a tanta gente a opinar pública y vehementemente sobre un hecho tan idiota?, al fin y al cabo, no es más que una decisión de una gran compañía de telecomunicaciones. ¿Se imaginan revuelo semejante por un cambio en el modelo de perforadora de Pocerías Sánchez?

Y por último, ¿qué lleva a alguien a creer que un asunto como ese tiene el más mínimo interés para ser contado a los cuatro vientos?, ¿dónde diablos está el interés narrativo en algo tan salvajemente prosaico?, ¿se imaginan Moby Dick empezando de la siguiente manera?:

Llamadme Ismael. Hace unos años, no importa cuántos exactamente, la interfaz de Twitter era mucho más intuitiva.

Una muestra más de que nuestra relación con las herramientas no ha ido mucho más allá de la de un simio con su palo de pescar hormigas, y quizá lo más alarmante, de la desconexión con la realidad que sufren muchos millones de personas.

Pantoja, gira askatu

La Pantoja solicita el aplazo de su ingreso en prisión para poder concluir su gira de conciertos. Todo en nombre de la fidelidad a sus fans.

Pero, ¿seguirán siendo sus fans fieles a ella?

En un mundo ideal, o meramente consecuente, los fans de la tonadillera deberían verse automáticamente sustituidos por un público altamente antisistema.

Los Soziedad Alkohólika o los Kaos Urbano serían unos excelentes teloneros.

Colectas para ayudar a la futura presa. Pulseras a un euro y carteras hechas con retazos de cómics de Astérix a cinco, para que no le falte tabaco en el mako.

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Profética portada del TMEO

Conciertos que acaban a pedradas entre diversas facciones, a causa de sus diferentes interpretaciones de la filosofía punk. Borrachos de vino vs. borrachos de cerveza, jipis con perro vs. jipis sin perro, y el clásico: los que arrojan botellines y gapos al artista vs. los que no.

Una enternecedora visita al escenario del cojo manteca, histórico punki ochentero al que todos creían muerto, mostrando su apoyo a los compañeros en prisión.

Y el día previo al ingreso en prisión, un colosal pogo final que degenere en disturbios. Como manda la tradición.