Dos meadas para la historia

La prestigiosa universidad de Cornell estaba a punto de ser escenario de una imagen insólita. Eran los 60, y la carrera espacial estaba en boca de todos. Varios profesores y estudiantes discutían sobre las dificultades que tendrían los astronautas para pasar una temporada en ingravidez.

Surgió una cuestión de física bastante básica… ¿se podría orinar en ingravidez? Rápidamente empezaron a esgrimirse argumentos a favor y en contra. Uno de ellos, Richard Feynman, resolvió el asunto salomónicamente: sacándose la chorra, haciendo el pino, y echando una meada ante los asistentes.

Un tipo interesante este Feynman… debe de ser una de las pocas personas que, en su biografía, narra sin pelos en la lengua su intensa y nada ortodoxa vida amorosa, su afición a los bares de strip-tease, además de detallar su primera pelea tabernaria, por no reincidir en la consabida macarrada de mear del revés.

Estaríamos ante un heterodoxo más, un impresentable asilvestrado a la altura de Manolo Kabezabolo, de no ser por un importante detalle difícil de asimilar para los más bienpensantes y políticamente correctos: Feynman fue uno de los científicos más brillantes que ha dado el siglo XX.

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Su premio Nobel de 1965 así lo atestigua. Se dice que lo guardaba al lado de otro premio que ganó años antes, en el Carnaval de Río: un trofeo por su habilidad tañendo la frigideira. También estaba especialmente orgulloso de un sorprendente certificado, expedido por el Ejército de Estados Unidos, que le declaraba deficiente mental.

Si os interesa el personaje os recomiendo el libro: ¿Está usted de broma señor Feynman?, en el cual he basado este artículo.

Aclaro que en todo momento he citado de memoria, de modo que es posible… o más bien, seguro, que haya alguna que otra inexactitud.

El tema del pis de astronauta dió una vuelta de tuerca más durante el famoso vuelo suborbital de Alan Shepard de 1961. El vuelo, que apenas debería haber durado una hora, se retrasó muchísimo en la torre de lanzamiento, con el pobre Alan encajado en su asiento y enlatado como un boquerón.

En un momento dado, Alan comunicó al equipo de tierra que ya no podía aguantar más sus ganas de mear. La misión estuvo a punto de abortarse. Los ingenieros estudiaron, rápidamente, la viabilidad de que el amigo Alan se mease encima. No era cuestión baladí, pues podía cargarse los sensores de temperatura y provocar un serio incidente. La configuración de su asiento – lata de sardinas haría, además, que la orina se acumulase en su espalda.

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Finalmente, desactivaron los sensores pertinentes y Shepard pudo batir tres récords: ser el segundo hombre en el espacio, el primer americano en el espacio, y el primer tipo que visitó el espacio meado.


El artículo de hoy merece una aclaración. El pasado Lunes, la plataforma de divulgación Naukas propuso a varios de sus colaboradores escribir un artículo relacionado con “tetas”, para publicarlos todos simultáneamente bajo el hashtag #LunesTetas. Para los interesados, aquí está la lista de todos los autores (y autoras) que participaron.

A un servidor, los chistes sobre tetas y culos, también conocidos como humor de parroquia, dejaron de epatarle hará unos 15 años, y por eso no participó de aquella… Sin embargo, recientes acontecimientos, relacionados con la mojigatería, me han hecho cambiar de parecer y participar en esta segunda parte, amparada bajo delicado nombre de #LunesPollas.

Si alguien siente curiosidad por dichos asuntos, puede informarse aquíaquí.

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7 Respuestas a “Dos meadas para la historia

  1. Pingback: #Lunespollas - Recopilación de todas las entradas - Naukas

  2. ¿Cómo? Si hacía el pino ¿cómo se sujetaba la “chorra” hacia arriba? ¿hacía el pino con una sola mano?
    En otro sitio leí que Feynman era alguien bastante egocéntrico, por lo que no sé cuánto de sus memorias es creíble. Tal vez haya mucho de “leyenda” en todo ello ¿no?

    • No creo que tuviese ningún inconveniente en pedir que le ayudasen a sujetársela, ni siquiera en mearse encima.

      En cuanto a lo de su supuesto egocentrismo, dos cosas:

      1. Sus memorias no las escribe él, sino alguien que le conoció y que fue testigo de muchas de sus hazañas.
      2. ¿Hay alguna manera de narrar una vida extraordinaria sin parecer egocéntrico? Si todos los egocéntricos fuesen como Feynman, ¡estaría encantado de que acaparasen las conversaciones en las que yo participo!

    • Yo he leído uno de sus libros, llamado Seis piezas breves, en el que habla del papel del profesor en la educación. Le puedo garantizar que la humildad con que consideró la propia importancia de sus clases (el libro se basa en clases suyas) no me da la sensación de que fuera egocéntrico. Lo sí era, fue un canchondo tremendo.

  3. Desgraciadamente, como verás, la física no se me da muy bien: si se meó encima, no estaba probando la ausencia de gravedad porque meaba hacia abajo 😄 Por otro lado ¿tan difícil era la cuestión? en teoría ¿no tendría que salir la orina por la mayor presión interna en la vejiga que en el exterior?

    • La cuestión es que surgió la duda sobre si el origen de dicha presión era meramente hidrostático (en cuyo caso, se necesita que la gravedad apunte hacia abajo) o hidrostático a la par que muscular, como resulta ser, felizmente, el caso.

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