Cabezazos y blasfemias

Los mozos del pueblo celebran las fiestas patronales entre risotadas, alaridos y grandes dosis de alcohol.

Si afinan el oído, notarán que los alaridos que escuchan no solamente están articulados, sino que siguen un hilo argumental: se trata del concurso de blasfemias que, todos los años por estas fechas, organizan en el lugar.

A continuación, rigurosamente respetuosos con la tradición, se da paso al concurso de cabezazos. La idea es simple pero genial: ganará aquel que dé el cabezazo más heterodoxo, más formidable. Los jueces valorarán especialmente la violencia, destructividad y desprecio por la integridad física del participante.

headbutt

Alguien intenta partir un palet, pero es descalificado por utilizar más de un cabezazo. Otro abolla la puerta de un frigorífico, que ha traído consigo para el evento. Pero la gloria se la lleva un tipo que lanza al aire un puñado de candados entrelazados y lo remata como si fuera una pelota de fútbol, cayendo inconsciente al instante.

Aún sangrando y aturdido, es jaleado y llevado a hombros como el nuevo campeón… hasta el año que viene.

Sucedió en la Alcarria profunda, a principios del siglo XXI.

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3 Respuestas a “Cabezazos y blasfemias

  1. Yo no estuve en ninguna ceremonia oficial pero sí que vi algún entrenamiento.

  2. Sólo se me ocurren decir chistes tópicos como “vamos de cabeza” y similares… Así de impresionado me he quedado.

  3. Y luego dicen que las mejores cabezas se están marchando al extranjero. Una vez más nos vemos intoxicados por infundios derrotistas.

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