Archivo mensual: marzo 2015

Política lingüística

España ya no es el país atrasado de antaño, y vuelve a escalar posiciones en el podio de los países desarrollados. Va siendo hora ya de dejar atrás las rémoras de nuestro doloroso pasado y mirar al futuro cara a cara y sin complejos.

Una de estas rémoras es el tema lingüístico. Quizá sea buena idea desprendernos, gradualmente, de los idiomas minoritarios. Pero no de un modo autoritario y fascistoide como se hizo antaño, sino en positivo.

Piensen en positivo. Piensen en sus hijos. No piensen en dictadores, piensen en Wittgenstein cuando decía: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

¿De veras quieren limitar el mundo de sus hijos por un asunto meramente sentimental?, ¿qué importa la lengua del pueblo de la abuela en un mundo globalizado?

A mí no me cabe duda: para mis hijos, cuando los tenga, quiero el lenguaje más mayoritario posible, el que permita acceder a la mayor cantidad posible de contenidos. Se trata de una decisión bastante obvia desde el punto de vista racional, ¿por qué nos complicamos tanto?

Por todo esto, y para predicar con el ejemplo, he comenzado a abandonar progresivamente el español en favor del mandarín y el inglés.

Guanhua

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Cita

No

Cuando era estudiante, y también durante los primeros años de profesor, había en la Facultad un bedel (ahora les han cambiado el nombre, a unos los llaman “porteros mayores” y a otros “subalternos”) que siempre respondía con un contundente NO a cualquier petición que se le hacía, también cuando la respuesta correcta era SÍ. Costaba un poco conseguir que viese la luz, pero a veces la acababa viendo.

Se me ocurren ideas con facilidad, unas más peregrinas y otras menos. Pero cada vez que se me ha ocurrido alguna buena idea, cada vez que me ha rondado un buen proyecto por la cabeza, la primera respuesta con la que me he encontrado era una frase que contenía una negación: no se puede, no es fácil, no interesa, no conviene, no es el momento, no es legal, no es posible, no va a funcionar, no lo aceptarán, ni lo sueñes, no lo esperes, ni se te ocurra, no está previsto, no va a prosperar…

Cada vez que oigo ahora uno de esos noes, me acuerdo del bedel. Con el tiempo me he dado cuenta de que era un adelantado a su tiempo, un visionario. Lo llamábamos Doctor No. El mundo, al menos el de la administración, está lleno de doctores.

Juan Ignacio Pérez Iglesias (@Uhandrea). Catedrático de fisiología, blogger, director de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU y, sobretodo, tipo interesante.

Su primer email

Estaba terminando 1999 cuando los cabezas de familia decidieron invertir un dinerillo en poner un ordenador e Internet en casa, con la vista puesta en el futuro educativo de sus hijos.

El hijo mayor rápidamente aprendió a moverse por la red, y pronto estaba ayudando a toda la familia a configurar sus cuentas de Outlook (pues, amigos, por aquel entonces no abundaban los servicios de correo web).

Un día, los padres pidieron al primogénito que hiciese una cuenta de correo para el benjamín de la casa, que entonces no llegaba a los 10 años de edad. El pequeño estaba muy preocupado por qué nombre poner a su dirección de email, y los padres, llenos de bondad, insistieron en que podía poner el nombre que quisiera él, apelando a su desbordante imaginación de niño como la mejor de las fuentes de inspiración.

Braeden_hacking

Al rato, ambos hermanitos salieron satisfechos de la habitación del ordenador. El pequeño ya tenía su cuenta de correo, y había enviado su primer email a, cómo no, sus amantísimos padres.

Esa tarde, recibieron un email remitido por: cabronazzo@wanadoo.es

Nota: el italianismo macarra de la doble “z” se debe a que, increíblemente, cabronazo ya estaba registrado en wanadoo en 1999.