Archivo mensual: abril 2015

El veterano

Era un anciano un tanto excéntrico, aunque nunca, que se sepa, causó problemas a nadie. Vivía a caballo entre la pensión y el bar, y no se le conocía oficio. Nunca se casó y aquello, en aquel pequeño pueblo, era considerado una rareza más. Mozos viejos, los llaman aún.

Los niños del pueblo le adoraban. Se trataba de un amor un tanto interesado, pues la clave de todo radicaba en que el señor iba repartiendo monedas a mansalva entre los zagales. Cien pesetas por aquí, doscientas por allá, para pipas, para chuches, para todos. Como un pozo sin fondo.

Al parecer, su nivel de gastos le ocasionaba ciertas complicaciones. Sus dificultades con la economía doméstica se escenificaban elocuentemente cada fin de mes a través del proceso de “ir a cobrar a la capital”. En sus labios, esta sencilla frase significaba recorrer a pie los 60 km que separan el pueblo de Guadalajara. Un taxi le traía de vuelta por la noche.

Al cabo de los años el anciano murió, y los chavales crecieron. Algunos recordaban al peculiar benefactor y, ya más maduros, se preguntaron a qué se debería su prodigalidad y su extraño estilo de vida.

La respuesta es toda una historia. El anciano, huido de España en sus años mozos por sabe Dios qué razones, acabó enrolándose con nombre falso, como es preceptivo, en la Legión Extranjera Francesa. Combatió, al menos, en la guerra de Indochina, y fue herido en Diên Biên Phu.

Con su abultada pensión, en francos, de veterano de la primera guerra de Vietnam, compraba chucherías a los niños de un helado y minúsculo pueblo de Castilla.

legion

Vascongadas

Todos teníamos algo de miedo de aquel profesor. Nos enseñaba lengua y literatura, ¿qué digo enseñaba?, ¡impartía!

Aquel día, de pie ante todos, sosteniendo el libro, leía para nosotros:

“Sepan ustedes que en España coexisten cuatro lenguas oficiales, siendo estas el español, el gallego, el catalán y el vascuence. El español es la lengua oficial de todos los españoles, y por lo tanto goza con toda justicia de un estátus privilegiado, siendo hablada no solamente en toda España, sino en buena parte de América. Por el contrario, las otras tres lenguas, que no son sino dialectos del español, se circunscriben únicamente a ciertas regiones, en las que se usan secundariamente junto con el español”.

Nosotros tomábamos apuntes raudos y veloces, temerosos de recibir algún capón o, peor aún, una “falta de orden”, temible concepto metafísico cuyo significado aún hoy se me escapa.

Hablando de cosas que se me escapan, por aquel entonces tampoco entendía porqué esa página del libro estaba irritando a nuestro profesor, que cada vez levantaba más la voz. En un principio pensé, en mi inocencia, que el gamberro de clase estaba haciendo de las suyas durante el dictado, pero no era ese el caso.

spain regions

El profesor continuó su docta perorata, cada vez más visiblemente excitado:

“A título de ejemplo, veremos cómo se dicen algunas expresiones de uso común en las cuatro lenguas. Por ejemplo, para decir muchas gracias en español decimos, obviamente, muchas gracias.”

Esto lo entendió hasta el gamberro de clase.

“En gallego diríamos Moitas grazas”.

Sus ojos se posaron en el catalán, y el nivel de irritación subió sensiblemente.

“En catalán se dice Moltes gràcies. Como ven, al tratarse de dialectos son muy semejantes al español”.

Y a continuación, con un mohín de hastío, pasó al vascuence o euskera:

“Y en vascuence, Eskerrik asko”.

Esto ya fue demasiado para él. Sorprendido, sin duda, de haberse oído pronunciar semejantes palabras blasfemas, arrojó el libro contra la mesa mientras vociferaba: “Eskerrik asko, eskerrik asko, ¡pero qué asco!”.

Sucedió en una escuela pública. Guadalajara. Circa 1998.