Los ojos azules

Aquí dejo una historia de esas que me dan escritas. Más o menos tal cuál me la narró su protagonista.


El crío llegó a casa hecho unos zorros. Era evidente que había estado llorando. Su madre se dió cuenta inmediatamente.

– ¡Hey!, ven aquí. ¿Qué ha pasado?, ¿no habrás hecho otra trastada?

Pero por la forma en que se acercó a su madre, esta supo que esta vez el pequeño no se había metido en ningún lío. El chico contó su versión de los hechos, la versión de un niño de apenas 7 años:

– Había un hombre, un hombre grande, muy grande. Daba mucho miedo, pero a mis hermanos mayores les daba risa. Salí corriendo, pero mis hermanos me cogieron y me hicieron mirarlo y tocarlo. No se movía y estaba frío, era como tocar una piedra.

Y entre lágrimas añadió:

– Su piel estaba muy fría y era blanca como las barras de hierro. Pero lo que más miedo daba eran sus ojos, que eran grandes y azules como el cielo.

Todo parecía indicar que el pequeño había sido víctima de una trastada de sus hermanos mayores. Ya ajustaría cuentas con ellos luego. Pero su madre ahora sentía curiosidad, ¿quién era aquel misterioso hombre?

– ¿Y dónde dices que estaba ese hombre?

El niño dió las señas correspondientes a una iglesia. La madre comprendió enseguida. Los hermanos habían llevado al benjamín de la familia a ver la nueva escultura de Jesucristo de la iglesia del barrio.

La iglesia era la Eglise Lourde de Saint Louis, en Senegal. Aquella escultura fue la primera vez que el pequeño Moussa veía a un hombre blanco.

Una respuesta a “Los ojos azules

  1. Se non è vero, è ben trovato.

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