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Cita

No

Cuando era estudiante, y también durante los primeros años de profesor, había en la Facultad un bedel (ahora les han cambiado el nombre, a unos los llaman “porteros mayores” y a otros “subalternos”) que siempre respondía con un contundente NO a cualquier petición que se le hacía, también cuando la respuesta correcta era SÍ. Costaba un poco conseguir que viese la luz, pero a veces la acababa viendo.

Se me ocurren ideas con facilidad, unas más peregrinas y otras menos. Pero cada vez que se me ha ocurrido alguna buena idea, cada vez que me ha rondado un buen proyecto por la cabeza, la primera respuesta con la que me he encontrado era una frase que contenía una negación: no se puede, no es fácil, no interesa, no conviene, no es el momento, no es legal, no es posible, no va a funcionar, no lo aceptarán, ni lo sueñes, no lo esperes, ni se te ocurra, no está previsto, no va a prosperar…

Cada vez que oigo ahora uno de esos noes, me acuerdo del bedel. Con el tiempo me he dado cuenta de que era un adelantado a su tiempo, un visionario. Lo llamábamos Doctor No. El mundo, al menos el de la administración, está lleno de doctores.

Juan Ignacio Pérez Iglesias (@Uhandrea). Catedrático de fisiología, blogger, director de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU y, sobretodo, tipo interesante.

Un alfabeto políticamente correcto

El siguiente texto es una traducción libre extraída de More politically correct bedtime stories, de James Finn Garner:

El orden tradicional de las letras del alfabeto es, evidentemente, completamente arbitrario. A pesar de la asociación que se hace entre las letras del alfabeto y las notas académicas utilizadas en las escuelas americanas, competitivas y arcaicas, la A no es mejor ni más meritoria que la X, la Y o la Z.

                Por eso, y para rechazar cualquier acusación de prejuicio alfabético, recurrí a un generador aleatorio de letras antes de comenzar a trabajar en el nuevo alfabeto. Crea, mi querido lector, que mi sorpresa no fue menor que la suya al verificar que, a pesar del inmenso número de combinaciones posibles, el generador aleatorio de letras generó casualmente el alfabeto en el orden exacto que a continuación se representa:

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