Archivo de la categoría: Escepticismo

Decoración homeopática

Apliquemos los principios de la homeopatía a la decoración:

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Supersticiones y medicina

Ya sea por la muerte de Steve Jobs, o por la muerte del niño cuya neumonía fue tratada exclusivamente con homeopatía, la  pseudociencia en medicina está de moda. Además, hace tiempo que el blog no se me llena de trolls hasta los topes.

Por todo ésto y más, aquí dejo mi granito de arena a la causa escéptica, una vez más en forma de cómic chapucero:

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Epistemología cervecera

Nadie se esperaba algo así, pero ha sucedido. La eterna lucha de la Humanidad contra la superstición, que tan bien pintaba entre el final del siglo XVIII y el principio del XX, parece volver a perderse en éste siglo nuestro. Termina el siglo de las luces, y comienza el de las lucecitas.

Nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información; nunca antes habíamos tenido tanto bienestar ni facilidades, especialmente para educarnos. Y sobretodo, nunca antes habíamos mirado tan por encima del hombro a nuestros ancestros, a los que vemos como ridículos trogloditas. Sin embargo, olvidamos que por muy rodeados de iPods que estemos, los niños de hoy nacen tan ignorantes como los de hace 20, 100 ó 10000 años.

Hoy no es raro ver a éstos cultivados “habitantes” del siglo XXI negar la teoría de la evolución, o la esfericidad de la tierra, o el holocausto, (hablábamos hace poco de los conspiranoicos). No se trata de individuos sin estudios, ni con retraso mental (al menos no evidente), y en absoluto tienen problemas de integración en la sociedad actual (más bien al contrario, son el paradigma del hombre moderno).

Una de las principales características de ésta nueva tendencia es el absoluto abandono del pensamiento científico, que no es más que la forma pedante de referirse a asegurarse por todos los medios posibles de que lo que uno afirma es cierto. Quizá si se le diese un nombre menos rimbombante, como prudencia, escepticismo o “tener dos dedos de frente” tuviese un poco más de éxito.

Contaré una historia que me gusta bastante por que ilustra bastante bien el problema de abandonar éste tipo de pensamiento, es decir, el problema de no acudir a todos los medios al alcance de uno. Analizaremos un fenómeno real y muy simple, ¿por qué en castellano se llama cerveza a la cerveza, palabra tan alejada de la raíz germánica bier, usada en el resto de Europa?

Se dice que durante la ocupación francesa de principios del XIX, los invasores franceses, más aficionados a la cerveza que los españoles, tuvieron que traer sus propios suministros a las tabernas. Los taberneros, poco duchos, por lo general, en lenguas, no terminaban de enterarse cuando el francés de turno les pedía bière (cerveza, en la lengua de Napoleón), de tal modo que no eran pocos los que, exasperados, señalaban el barril de cerveza exclamando servez ça! (sirva eso). Y según se dice, de ahí el origen.

Sin embargo la historia es falsa. Existen varios indicios… el primero es que nuestros vecinos portugueses utilizan la palabra cerveja, que ya no suena como servez ça, por no mencionar el detalle de que la palabra cerveza aparece en muchos libros muy anteriores al siglo XIX.

La historia de los franceses es plausible, pero no es real. Negacionistas, conspiranoicos y una amplia gama de cretinos comparten la característica de no saber distinguir éstos dos conceptos.

Para colmo de males, la tendencia actual a respetar todo, ideas incluídas, hace muy difícil que éstas personas logren volver al camino recto. En un mundo perfecto, cada persona estudiada que afirme que la Tierra es plana debería ser inmediatamente arrojada al pilón más cercano, o untada con brea y emplumada, o, por no ser tan drástico, señalada con el dedo por alguien que se ría muy alto.

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He aquí unos amantes de la verdad, dignos sucesores de Galileo

He aquí unos amantes de la verdad y el empirismo, dignos sucesores de Galileo

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Un servidor ha cometido el error de intentar razonar con personas así… y la experiencia me enseña que es absolutamente inútil, y que resulta mucho más edificante, útil y divertido pasar directamente y sin preámbulo alguno a la burla y el cachondeo. Les invito a todos a poner en práctica ésta costumbre tan poco democrática.

Chorradas conspiranoicas

La popularización de Internet ha dado lugar a la proliferación, cada vez mayor y de más rápida difusión, de idioteces de todo tipo (buena prueba de ello es éste blog), desde fotos de animales con gafas hasta hipótesis conspiranoicas de todo tipo. Es de éstas últimas de las que quiero hablar, pues las odio con especial inquina.

Al ser humano le gusta creer cosas raras y extravagantes; ésto se sabe desde antiguo, y buena prueba de ello son las leyendas religiosas. En las leyendas conspiranoicas los dioses son sustituidos por los gobiernos, los masones, el lobby judío, las grandes empresas, etc. Sustituídos literalmente, pues éstos protagonistas conspiranoicos actúan siempre de manera omnisciente e inescrutable. Parece como si se olvidase que los gobiernos, la masonería, etcétera, están formados por personas tanto o más idiotas que cualquiera de nosotros, y que en diversas ocasiones han demostrado su incapacidad para hilar tan fino como muchos les suponen (por ejemplo, todos recordamos el bochornoso asunto de las armas de destrucción masiva en Irak).

Sin duda, a los amantes de las hipótesis conspiranoicas (me niego a llamarlas teorías, término reservado para las hipótesis de veracidad confirmada) les han impresionado demasiado los trajes, ademanes y sueldos de los poderosos, y les suponen además una inteligencia y unas capacidades de previsión y estrategia absolutamente sobrehumanas. He aquí el primer motivo por el que no me gustan éstas historias; dejan al ciudadano de a pie como a un imbécil, como a un pelele, y ponen a los poderosos en un altar intelectual muy alejado de la realidad.

El segundo aspecto que me revienta es el nulo respeto por el mundo real que muestran éstos sujetos. Poco importan las pruebas en contra; si la historia es buena, hay que mantenerla a toda costa. Permítanme, llegados a éste punto, que elabore mi propia hipótesis conspiranoica para explicar éste fenómeno: “los conspiranoicos, sabedores de que sus historietas curiosillas son el único factor de su personalidad que no los hace por completo aborrecibles, se aferran así a su único recurso para relacionarse con otros seres humanos”. Uy espera, que aún no es conspiranoica: “los conspiranoicos son aborrecibles, y los miembros del sexo opuesto no les hacen ni puto caso, debido a las ondas electromagnéticas que se emiten desde el McDonald’s de San Bernardino.

Así, hay que mantener a toda costa que el viaje a la Luna nunca se llevó a cabo, a pesar, y nunca mejor dicho, de los centenares de kilos de roca lunar que trajeron los Apollo (y de la hostia que le soltó Aldrin a aquel periodista que le dió la brasa con el tema). Asegurar hasta la extenuación que el invento de Nicola Tesla para transmitir energía a través del aire no se llevó a cabo por presiones de las compañías eléctricas, cuando cualquier estudiante de física alucina por lo bestial, peligroso, despilfarrador e inviable que era el invento.

La imbecilidad reinante lleva incluso a buscar misterio dónde no lo hay en absoluto. Sin ir más lejos, el pasado Domingo se trató en un conocido programa de televisión el, según parece, radical cambio de comportamiento de algunos animales. Concretamente se trataron cuatro ejemplos; el de buitres que atacaban a ganado herido, el de un elefante de circo furioso, el de un mono en un zoo tirando una piedra al público y el de los coyotes que roban basura. Todo ello extraordinario, como ven. Se habló de una especie de venganza de la Naturaleza, se habló de las ondas electromagnéticas (a ver cuando se enteran de que no son nada etéreo, ni divino, ni nuevo, si no algo tangible y bien comprendido desde hace más de un siglo). De poco sirvió que uno de los invitados llevase un ejemplar de un libro de la década de 1870 describiendo casos de buitres atacando a ganado vivo (aunque herido o parturiento), es un misterio y punto; además la hostia de novedoso.

El caso más flagrante de búsqueda de misterio dónde no lo hay es el asunto de los chemtrails, que pretende encontrar el misterio ni más ni menos que en las estelas de los aviones ( ! ). También fué tratado en dicho programa de televisión, dando lugar a una de las pocas situaciones divertidas que han aparecido en él. Coincidieron en dicho programa un tal Antonio Leonardo, autoproclamado skywatcher, gracias, según sus propias palabras, a que al trabajar en azoteas puede ver muy bien los aviones, y un tal Jacob Petrus, meteorólogo, que explicó con bastante claridad y un puntito de cachondeo cómo, una vez más, estaban vendiendo aire.

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Desde luego, hace falta imaginación para tenerle miedo a ésto

Desde luego, hace falta imaginación para tenerle miedo a ésto

El alma no es para tanto

He aquí el segundo y último artículo de ésta serie. El primero puede leerse aquí.

Dualismo y monismo:

 

¿Son la mente y el alma la misma cosa, como proponen los monistas?, ¿o bien son cosas distintas, como proponen los dualistas?

La intención de este texto es únicamente exponer breve y argumentadamente la opinión de su autor, que como se verá es mucho más cercana al monismo que al dualismo.

El alma:

 

Pensaba comenzar este párrafo con una cita que leí hace años, pero soy incapaz de recordar dónde la leí o quién era su autor. La cita era tan apropiada que he decidido añadirla aquí, explicada a partir de lo que recuerdo, aún a pesar de que esto resta elegancia al texto.

El autor de dicha cita hablaba de una experiencia vivida en una trinchera francesa en la primera guerra mundial, donde entabló amistad con otro soldado, un hombre que al parecer era extraordinariamente culto. Un día, cayó un obús sobre la trinchera, y el amigo del autor murió en el acto. La cita hablaba de la enorme impresión que causó en el autor ver a aquel hombre no muerto, si no despojado de su “esencia”. El cuerpo seguía allí, pero la cultura, la agradable conversación y todo lo que había llamado tanto la atención del autor ya no estaban.

Esta historia ejemplifica muy bien qué es “eso” que unos llaman alma y otros mente.

Los dualistas, al tener noticia de este suceso, dirían que la mente del soldado ha muerto, pero que su alma no tiene porqué haber muerto igualmente. Los más osados, incluso conjeturarían sobre lo que ha sido del alma del soldado.

El autor del texto que está usted leyendo imagina la siguiente conversación en las trincheras:

Benoît, soldado francés, dice:

 

– Que Dios te bendiga Jean, pronto descansarás en el paraíso.

 

Bhaskar, soldado británico de origen hindú que no puede evitar escuchar el comentario de Benoît, dice:

 

– El alma de Jean no irá al paraíso, sigue en la tierra, reencarnada.

 

Benoît y Bashkar discuten sobre este punto, y pronto, dadas las circunstancias, la discusión comienza a tornarse violenta, hasta que se ve interrumpida por la voz de Dominique, que afectado por la psicosis de guerra no había abierto la boca desde hacía meses, diciendo lo siguiente:

 

– Jean tenía siete almas, y ahora todas ellas vuelan rápidamente hacia la estrella Polar, haciendo una parada de un mes en Oslo para cazar osos. Todas salvo una, la más grande, que viaja ahora hacia el centro de la Tierra.

 

Benoît y Bashkar ahora están de acuerdo en una cosa, Dominique se ha vuelto completamente loco.

Probablemente el lector se pregunte a qué ha venido este sainete de pluma gorda. La explicación es la siguiente, la hipótesis de Dominique no es más ilógica ni más absurda que la de sus compañeros, la única diferencia es que, probablemente, hasta hoy no la habíamos oído nunca, mientras que las otras dos ya son conocidas nuestras. Si el lector sigue pensando que la hipótesis de Dominique es más absurda que las de sus compañeros, le propongo que intente demostrar que es falsa.

Nótese que esta misma discusión jamás se hubiese desarrollado en torno a la mente de Jean (entendida como el soporte biológico del alma), pues es evidente, y lo más importante, es demostrable, que al morir el cuerpo (soporte biológico integral) también ha de morir la mente.

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¿Tiene alma éste ser?

¿Tiene alma éste ser?

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Pero el alma, al ser un objeto con atributos casi divinos, es, entre otras cosas, totalmente insensible (en el sentido de que no se puede tocar, ni ver, etc…) de modo que podemos decir sobre ella lo primero que se nos ocurra y absolutamente nadie podrá demostrarnos que estamos equivocados. Claro que esta invulnerabilidad a las críticas se paga muy cara, pues el alma (y en general, todas las cosas que se definen como insensibles) no tiene absolutamente ningún nexo con la realidad precisamente por ser insensible.

A juicio del autor, los intentos de separar el alma de la mente son consecuencia, por un lado, de esa costumbre tan típica de los humanos de buscar diferencias drásticas entre ellos y el resto de los animales, y por otro lado, de dar una “explicación” metafísica a los misterios de la mente, es decir, a prácticamente todo lo relacionado con ella, desde el aprendizaje hasta los supuestos fenómenos de telepatía.

La segunda de las causas que apunto es la más interesante de las dos, al menos a mi juicio. Incluso a día de hoy, apenas sabemos nada sobre el funcionamiento de la mente. Es bien sabido que el ser humano ha buscado explicaciones místicas todas y cada una de las veces que se ha topado con algo incomprensible (o mejor dicho, incomprendido), y además estas explicaciones suelen ser invulnerables a las demostraciones de falsedad; según hemos visto, no nos encontramos ante una excepción.

Muchos son los que piensan que es una osadía afirmar que el alma no existe si es imposible probarlo; pero no debemos olvidar que también es imposible probar que tenemos siete almas, o que las almas saben a fresa. De modo que, en efecto, negar la existencia del alma es una osadía, pero una osadía muy pequeñita.

Dios y el gramófono

He aquí uno de los dos artículos (segunda parte aquí) que les anuncié, escrito en 2006 para la asignatura Historia y metodología de la física:

El siguiente texto tan sólo pretende introducir, de manera intencionadamente breve (pues cuando se habla de temas simples tan sólo los embaucos son largos), algunas de las ideas del autor. Con objeto de agilizar la lectura del mismo, se han omitido todas las frases del tipo “en opinión del autor”, “yo creo”, etc, lo cual le confiere un aire un tanto engreído. Quede claro, sin embargo, que ninguna de las opiniones aquí vertidas pretende ser inamovible ni autoritaria, pese a que todas ellas son brevemente argumentadas.

Se han introducido, además, al principio de cada uno de los epígrafes, breves citas a otros autores. Estas tienen por objeto tanto situar al lector en el contexto adecuado como hacer más amena la lectura del mismo.

Algunas de las opiniones aquí vertidas tocan temas susceptibles de levantar grandes pasiones, como son la religión y la teoría evolutiva.

El autor no ha intentado ser, ni mucho menos, políticamente correcto. En lugar de eso reivindica su derecho a ser tomado por un cretino por aquellos que no compartan sus ideas.

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His master's voice

His master’s voice

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Para empezar, un ejemplo, el gramófono:

“¡Hablaba! Todos los que estaban en el laboratorio alrededor de la nueva máquina sintieron cómo se les ponían los pelos de punta. Todos excepto uno.”

– Extraído de la biografía de Thomas Alva Edison, en referencia a la invención del fonógrafo.

Si el lector dispone de un reproductor de discos de vinilo, le invito a realizar el siguiente experimento. Ponga un disco a reproducir, y baje por completo el volumen del amplificador; acerque ahora el oído a la aguja, y podrá escuchar la música en todo detalle, si bien con escasa intensidad. En este curioso efecto se basa el funcionamiento tanto de los antiguos gramófonos como de los ya no tan modernos tocadiscos, la única diferencia entre ambos radica en el método de amplificación (mecánico para el primero y electrónico para el segundo).

Olvidemos la amplificación, y pensemos en la aguja. Los microsurcos del vinilo hacen vibrar a la aguja de tal modo que esta reproduce prácticamente cualquier sonido… una misma aguja puede sonar como una canción de los Beatles, o como una instrumental de Dvôrak; esta variedad debe radicar, pues, en la forma y disposición de los microsurcos.

¿Cómo se “tallan” estos microsurcos?, parece evidente que tallarlos con un pequeño cincel resultaría un trabajo verdaderamente titánico y sumamente dificultoso. Aquí llega la idea fascinante. No es necesario tener un control absoluto sobre los surcos del disco, de hecho, la manera de grabar un disco era, al menos en los tiempos de Edison, la siguiente: se calentaba el vinilo para ablandar el material, se colocaba, virgen, sobre el gramófono, y hablando a la misma “oreja” del gramófono se lograba que la aguja, por sí sola, se moviese haciendo las marcas adecuadas para que una vez leídas, produjesen en la aguja el sonido original. En otras palabras, se dejaba todo el trabajo duro a la naturaleza.

La naturaleza nos ahorra una tarea cuya sola planificación teórica hubiera supuesto un trabajo intelectual enorme.

¿Será que la naturaleza piensa?

“El viento agitaba la bandera del templo, y dos monjes discutían sobre ella. Uno decía que se movía el estandarte, y el otro que se movía el aire; discutieron y discutieron sin llegar a ningún acuerdo. Eno, el Patriarca, dijo: – no es que el aire se mueva, no es que el estandarte se mueva; es que sus honorables mentes se mueven-“.

– Extraído de “La plataforma sutra del sexto Patriarca”, de P. Yampolsky.

El autor no puede evitar sentir un escalofrío al imaginar a la pequeña aguja haciendo por sí sola su complicadísimo trabajo.
Pero, un momento, …la frase anterior contiene dentro de sí una aparente paradoja… ¿cómo es posible que algo tan simple como una aguja unida a una bocina realice por sí sola cualquier tarea complicada? Lo que realmente ocurre es que lo que es complicado es entender lo que está ocurriendo , y la naturaleza ni entiende ni piensa, tan sólo actúa de la única manera de la que puede hacerlo. Consecuentemente, la naturaleza carece de intención alguna al actuar, lo cual debería ser suficiente para tirar por tierra cualquier tipo de teoría teleológica.

De hecho, lo que sería verdaderamente sorprendente sería que el gramófono no funcionase.

No cabe duda de que los surcos grabados por la aguja en el disco forman un sistema altamente organizado y complejo, que ha sido creado casi espontáneamente (tan sólo fue necesario fabricar el sencillísimo mecanismo del gramófono, más sencillo aún si se compara con la complejidad del resultado), y desde luego sin mediación de inteligencia alguna.

Quién quiera entender que entienda:

“Huxley dijo que no estaría avergonzado en absoluto de tener a un mono por antepasado, pero sí se sentiría “avergonzado de descender de un hombre que emplea su conocimiento y su elocuencia para oscurecer la verdad””.

– Del debate entre T. H. Huxley y el obispo de Wilberforce, acaecido en la Universidad de Oxford el 30 de Junio de 1860, poco después de la publicación de “El origen de las especies”.

Tras todo lo visto anteriormente, queda claro que cualquier intento de comprender la naturaleza ha de ser lo menos antropocentrista posible, pues la naturaleza no obra, ni mucho menos, de forma análoga a como lo hace el ser humano.

La experiencia nos muestra cómo a la inmensa mayoría de las personas les cuesta adoptar esta postura, ya que supone, de algún modo, “bajar del pedestal” y uno puede llegar a sentirse como una insignificante pieza de un reloj… pero si nuestra intención, como científicos, es ampliar el conocimiento, mejor será que empecemos cuanto antes a aceptar la realidad.

No cabe duda después de lo dicho aquí que una de las consecuencias del antropocentrismo es

La idea de Dios:


“Y Dios consideró que esto era bueno

y dijo, “hagamos al ser humano
a nuestra imagen y semejanza.
Que tenga dominio sobre los peces del mar,
y sobre las aves del cielo,
sobre los animales domésticos
sobre los animales salvajes,
y sobre todos los reptiles
que se arrastran por el suelo”.

Génesis 1:26.

En la totalidad de religiones conocidas por el autor aparece una constante: discursos autocomplacientes que intentan justificar la “evidente” superioridad del género humano, con dioses que, ya tengan forma de serpiente, de oso, o ninguna forma en absoluto, si que parecen razonar de manera parecida a la de los humanos (al menos según los sacerdotes, personas que ni se sonrojan al decir en una misma frase que ellos son mensajeros de la voluntad de Dios y que la voluntad de Dios es incognoscible). Además, todos los dioses siempre “nombran jefes” a los humanos, difícilmente podía desearse una situación mejor. Y es bien sabido que al hombre le encanta negar la realidad, sobretodo cuando le es adversa, para inventarse una alternativa imaginaria en la que todo funciona según le apetece. Si el lector necesita ejemplos de esta fantasía, basta con que abra cualquier periódico de los últimos diez años y busque noticias relativas a la política.

La cosa parece evidente tras un poco de reflexión, es el ser humano el que creó a Dios a su imagen y semejanza.

Pero, ¡todo es tan bello y armonioso!

“Dios no juega a los dados con el Universo”

Extraído del debate entre A. Einstein, N. Bohr y W. Heisenberg, 1927.

Si a éstas alturas el lector todavía sigue considerando que la “perfección” y la “armonía” requieren de la mediación de una inteligencia, el autor se permite sugerirle que vuelva a empezar a leer desde el principio.

La propia idea de armonía procede de nuestra observación del entorno, de modo que es una auténtica bobada el sorprenderse por que el entorno aparezca armonioso. Sin embargo este absurdo ocurre muy a menudo. Es más, existen gran cantidad de personas que, siendo ateas, se convencieron de la existencia de Dios tras el estudio riguroso de la ciencia, precisamente cegadas por la belleza y armonía de la naturaleza, sin darse cuenta de que fue la observación del universo quién grabó en su mente el concepto de orden, e incluso el de belleza.

Alguien podría objetar: “¿y el arte?, todos tenemos una idea de lo que es bello y lo que no”… y en este caso se pecaría de etnocentrismo. El concepto de belleza varía según el lugar en el que uno se encuentre, y también según la época. Desde el punto de vista europeo, por ejemplo, el arte tradicional inuit resulta intrigante y aterrador, y el cánon de belleza femenino dista mucho de parecerse a la venus de Willendorf.

Todo esto no viene si no a apoyar mi tesis de que el concepto de belleza es adquirido.

Ya va siendo hora de acabar:

“La gran masa del pueblo (…) puede caer más fácilmente víctima de una gran mentira que de una pequeña”.


– Adolf Hitler.

“No es hasta recientemente cuando los científicos se han dado cuenta de que toda la materia se mantiene unida por atracción (fuerza de cohesión), y por energía. O sea por “cosas que no se ven”. La ciencia cada día descompone más y más el átomo y la tendencia luce presentar el dilema de que en realidad ¡nada es físico o tangible, si no energía! POR FAVOR CONSIDERE ESTA ESCRITURA BIBLICA:

“Cristo es la imagen visible de Dios, que es invisible; es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado. En él (Cristo) Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible, así como los seres espirituales que tienen dominio, autoridad y poder. Todo fue creado por medio de él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden”. Col. 1:16

Sólo esta declaración, al ser comparada con las primeras Leyes de la Termodinámica debería ser razón como para que si algún lector de estas letras no creía en Dios, ahora tenga más que razón suficiente para ponerse de rodilla y decir:

Dios Padre, me he dado cuenta que he pecado contra ti. Ahora creo que la Biblia es la Palabra de Dios, que Jesús es ciertamente el Hijo tuyo. Yo creo con todo mi corazón que Jesús murió en mi lugar, por mis pecados, en la cruz y que después de tres días resucitó. De ahora en adelante dejaré de hacer lo malo y caminaré el camino que Jesús me ofrece. Ahora te pido que me des vida eterna y entendimiento. Que escribas mi nombre en el Libro de la Vida. De ahora en adelante te seguiré todos los días de mi vida. En el Nombre de Jesús. ¡Amén!”

– Dawlin A. Ureña, miembro de la asociación “científica” Creation Research Society.

Tal y cómo dije al principio, cuando se habla de temas simples tan sólo los embaucos son largos. Como no podía ser de otro modo, millones de personas dedican toda su energía a intentar convencerse y convencer al prójimo, mediante larguísimos y retorcidos argumentos (y esto sólo en el mejor de los casos), de que, efectivamente, contra toda evidencia, el ser humano ocupa un lugar privilegiado en el Universo.

Reunir y discutir todo lo que se ha dicho y se dirá al respecto es una tarea abrumadora y crispante, y además, la experiencia demuestra que sólo muy rara vez resulta fructífera, si el objetivo es hacer ver a quién no quiere ver.

Continuar a la segunda (y última) parte.