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Desfase

Era un Domingo cualquiera, por la tarde. Entró bailando al garito, una de las mecas del punk alcarreño.

chinaski pub

 

Nadie más bailaba, pero no parecía importarle. Lo estaba pasando realmente bien bailando solo. En un momento dado, se cayó para atrás. Con gran jolgorio de los parroquianos, golpeó culo, espalda y cabeza, en ese orden, contra el suelo.

Las risas duraron poco. El tipo no se movía, y solo decía que no sentía nada de cuello para abajo. Pararon la música con gran congoja. Vino una ambulancia. Inmobilizaron al tipo en una camilla, y se lo llevaron.

No dio tiempo a lamentarse mucho. A los 15 minutos exactos de salir en camilla, volvió a entrar por la puerta, una vez más, bailando una de Laurel Aitken.

Potas y astronautas

Uno de los recuerdos más antiguos que conservo es el de un tipo, borracho perdido, dando tumbos en este callejón de la capital alcarreña:

callejón

A media altura se detuvo, se apoyó en la pared de la derecha y echó una espectacular pota de color rojo intenso.

Por aquel entonces yo debía tener unos 4 años, y pensé que el hombre había vomitado sangre. Ya apuntaba maneras mi inquietud científica: logré convencer a mi padre para que me acompañara a investigar lo sucedido. Sobre el terreno, comprobamos que la vomitona no era de sangre, sino de vino. En mi candidez infantil, esto último me resultó tan extraño como mi primera hipótesis.

Sospecho que fue aquel día cuando comenzó a fraguarse mi fascinación por el acoholismo, las macarradas y la degeneración. Fascinación esta eclipsada únicamente por mi fascinación por la ciencia… que también encontraría su lugar en esa estrecha calle. En la actualidad, en ese mismo callejón hay dos graffitis de astronautas. Concretamente uno de Yuri Gagarin y otro de Bruce McCandless II.

2013-10-19 11.09.33

Es un callejón bastante cutre, pero me encanta.

Una noche de ensueño

La siguiente historia es una adaptación, bastante fiel, de un hecho tan real como surrealista que me hizo llegar mi señora madre. El protagonista es una leyenda viva de la noche alcarreña, precisamente en virtud de hazañas como ésta.

vrolijke drinker - Judith Leyster

El alegre bebedor, de Judith Leyster

Despertó en la oscuridad, bastante desorientado. Palpó las paredes hasta dar con un interruptor, y respiró aliviado cuando la luz se encendió; señal inequívoca de que la compañía eléctrica aún no le había cortado la corriente.

Pero, ¡un momento!, aquello no era su casa. Aquello era un bar… parecía que habían cerrado con él dentro.

Tras evaluar la situación durante unos segundos, resolvió acercarse a la barra y servirse un whisky. Sería el primero de varios.

Se encendió un cigarro, recordando los tiempos anteriores a la prohibición de fumar en locales públicos.

Abrió la caja registradora, y para matar el tiempo la vació en la tragaperras.

Al día siguiente, cuando el dueño del bar regresó para abrir, le encontró durmiendo encima de la mesa de billar. Cuando pasó el susto inicial y comprendió lo que había pasado, el dueño le echó entre gritos. “¿Pero cómo eres tan cabronazo?”, decía una y otra vez.

Pero a juzgar por cómo se le iluminan los ojos al protagonista de nuestra historia al rememorar aquella hazaña, resulta evidente que valió la pena enemistarse con el dueño del bar.

Aquella fue una noche de ensueño.

José Luis Sin Censura

El tema de la telebasura ya ha salido con anterioridad en éste blog, por ejemplo, cuando hablamos de El juez Manuel Franco o de aquellos espantosos Videoclips andinos.

Pues bien, creo haber encontrado un programa que deja a todos éstos horrores a la altura del betún. Es un programa grabado en California y orientado al público mexicano residente en los Estados Unidos. Se trata de un programa de testimonios, dirigido por un tal José Luis, al que podemos ver en ésta fotografía:

Un hombre de confianza

La gracia del programa es que sistemáticamente se acaba a hostia limpia, mientras el público jalea (“¡duro!, ¡duro!” y “¡José Luis, José Luis!”); muy a menudo, incluso el público participa con gran entusiasmo de las tanganas (tanto es así, que en las últimas temporadas está separado del plató por un discreto foso).

Dejo aquí, a título de ejemplo, un vídeo que habla por sí solo.

Italia

Italia es un país de contrastes, capaz de lo mejor y lo peor. César Augusto y Nerón, conquistar Hispania y ser derrotados en Guadalajara, arte en las calles de Florencia y basura en las de Nápoles, Lamborghini y Fiat, renacimiento y berlusconismo…

Reflexionando sobre todo ésto se me ocurrió el siguiente chiste soez:

Se non è vero, è ben trovato

Chiste surrealista oído en un bar

El siguiente cómic está basado en un hecho real que me sucedió una noche, estando de copas en la capital de la Alcarria:

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El affaire John Cobra

Hace ya bastante tiempo, hablamos aquí de John Cobra, vaticinándole un futuro brillante en el mundo del espectáculo. Poco a poco se ha ido convirtiendo en una estrella del youtube, hasta llegar al extremo de estar nominado para representar a España en Eurovisión, gracias a los votos recibidos por parte de los internautas (entre los que me incluyo).

El sistema de votos, creado en nombre de la democracia y del mundo de lo interactivo (nada que ver con el afán recaudatorio vía SMS) se convirtió en un vehículo para el comportamiento subversivo de los internautas, que votaron (votamos) a un sujeto con muchas probabilidades de armarla.

Desde que estuvo nominado, se vió atacado de diversas maneras absurdas, acusado de ser machista, racista, violento, y expresidiario, golpe muy bajo éste último… y digo absurdas por que John Cobra es un personaje de ficción creado por Mario Vaquero, cuya gracia radica precisamente en que se comporta como un auténtico macarra pasado de rosca. Cuánto del auténtico Mario Vaquero hay en John Cobra es otra cuestión.

Nuestros vaticinios sobre su potencial subversivo-macarril no se quedaban cortos, pues, durante la gala de Eurovisión, John Cobra saltó a los titulares al concluir su actuación con insultos dedicados al público, en respuesta a los abucheos que le dedicaron desde el momento en que salió al escenario, y a los que nadie puso fin. Semejante comportamiento antisocial, y sobretodo, diametralmente opuesto a lo políticamente correcto, dió lugar a una avalancha de críticas y sermones (aquí pueden ver el vídeo del incidente, dónde un tipo con aspecto de supervillano de cómic [José María Íñigo] echa una bronca paternalista a John Cobra, con maldición incluída). La pelota creció, llegando incluso a levantarse un absurdo debate en los foros de El País sobre la educación de la juventud.

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Nuestro antihéroe, agarrándose los huevos mientras increpa al público, acompañado por Anne Igartiburu y su esposa

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Todo ésto por no hablar de cómo se ensañaron con él los miembros de la prensa rosa (indignados por que la canción de su abanderada fué descalificada por violar de forma clara varias de las normas del concurso), escandalizándose por que un exconvicto que se ha hecho famoso a base de hacer macarradas pueda llegar al mundo del famoseo. Mundo éste al que tradicionalmente solo se llega, como bien saben los popes de la prensa rosa, cultivando todos los campos de la miseria humana por igual, pero nunca especializándose en uno solo.

Para muchos de nosotros, la apoteosis macarra de John Cobra fué lo único que valió la pena de toda esa pringosa y anacrónica gala que, admitámoslo, a nadie le importa un pito. Y que un espectáculo tan cutre y bajuno nos resulte casi una bocanada de aire fresco, nos da una idea de lo pésima y alejada de la realidad que es la televisión normal y corriente. Con un poco de suerte, llegará el día en que le veamos repartiendo hostias en cualquiera de esos programas de cotilleo de la tarde; espectáculo edificante al que vaticino récords de audiencia.