Archivo mensual: mayo 2015

Intolerancia útil

Sucedió en un pequeño pueblo de Guadalajara, enmarcado en el conocido como triángulo del frío, la Siberia española, donde como te descuides se te congela hasta el agua del wáter.

Uno de esos pueblos que, como apellido a su nombre, indican la demarcación judicial correspondiente… partido de Molina en el caso que nos ocupa.

El tabernero del lugar estaba harto de las interminables partidas de mus, que le obligaban a cerrar a las tantas. Había intentado echarles por las buenas en numerosas ocasiones, siempre sin éxito.

Recreación aproximada

Recreación aproximada

Pero si algo no falta en esas duras tierras es inventiva. Un día, el tabernero ideó una solución ingeniosa. En uno de sus viajes a la metrópoli más cercana (a la sazón, Molina de Aragón), regresó con una cinta de vídeo.

Esa noche, al sonar la 1 en el reloj del Ayuntamiento, el tabernero salió de la barra y puso la cinta en el televisor del bar. Contenía una película de porno gay bastante explícita.

– ¡Quitaeso!, ¡cagüensandiós!
– ¡Venga!, ¡pa casa!

Hubo quejas, blasfemias y réplicas, pero el truco funcionó con inusitada rapidez.

Para que luego digan, hasta de la intolerancia se pueden sacar aplicaciones prácticas.

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¿Dónde?

Hace ya unos años me vi metido en un viaje organizado. De esos con guía, autobús, y comidas incluídas. Por Europa occidental, para más señas.

Es una apreciación personal, mera cuestión de gustos, pero este tipo de turismo me pareció insoportable, y dudo que vuelva a repetirlo mientras conserve el sano juicio. Sin embargo, en aquel viaje conocí a verdaderos fanáticos del turismo organizado.

Había un grupo formado por dos parejas cercanas ya a la tercera edad, que no solo estaban encantados sino que además vacilaban de su amplia experiencia en viajes organizados. Curiosamente, pese a lo magnífico del viaje, no podían dar dos pasos sin comparar todo con España, que por supuesto siempre salía ganando.

¿El palacio de Versalles?, una vulgar imitación de El Escorial. Y el Corte Inglés no tiene nada que envidiar a las galerías de “Al-Fayed”, que es como los paletos llaman a Lafayette.

¿La cerveza belga?, quita, quita, dónde esté una Mahou bien tirada.

¿Los walletjes de Amsterdam?, bah, dónde esté la sordidez castiza de la calle Montera que se quiten estas moderneces.

¿El Rin?, no está mal, pero ahora que han represado el Manzanares está la mar de bonito.

Parecía como si su afán viajero obedeciese a la necesidad de confirmar, una y otra vez, que hubieran hecho mejor quedándose en casa.

El caso es que les caí en gracia, y estuvieron hablándome de su viaje del año anterior: Estambul y la Capadocia. Tuve la ocurrencia de preguntarles por Santa Sofía, y tras mirarme extrañados me dijeron que eso no estaba en Estambul.

– “¿Cómo va a estar Santa Sofía en Estambul, si Estambul es un país moro?”

Ante tal silogismo nada pude oponer, pero me pregunté: nuestros Marco Polos particulares… ¿dónde cojones estuvieron?

Cosas que se ven en el mundo real

Cosas que se ven en el mundo real