Dos días

Hoy me ha dado el punto introspectivo, y en lugar de castigar sus retinas con las habituales mamarrachadas soeces, voy a contar la historia de dos días de mi vida que no creo que olvide jamás.

Día 1:

Llegué muy temprano, de la mano de mi padre. Me llevó a ver el aula, todavía vacía y con las luces apagadas, en la que iba a estudiar. Mi padre me hizo notar, seguramente para intentar tranquilizarme, lo bonita y lo grande que era. “Y éste pedazo de aula para vosotros solos”.

Irónicamente, estuve tranquilo hasta el momento que oí ese comentario. La perspectiva de quedarme solo con un montón de niños, sin ningún adulto, me inquietaba bastante. Aún tenía fresco el salvajismo que reinaba en la guardería cuando los adultos no miraban. “¿Pero es que no hay profesor?”, pregunté. Y pronto mi padre me aclaró que sí, y volví a tranquilizarme.

Mi profesora se llamaba Nuria y mis padres me habían insistido en lo buena y cariñosa que era… y era cierto, pero acababa de conocerla y me infundía un poco de miedo. Como de costumbre, una de las primeras cosas que hizo al entrar fue dibujar unos garabatos en una esquina de la pizarra. Sabía que eran letras, pero no sabía qué significaban. Hoy sí lo sé, y es gracias a Nuria.

En la pizarra ponía Lunes, 26 de Septiembre de 1988. Era mi primer día de escuela.

colegio

Día 2:

Acababa de comenzar el buen tiempo, y eso acentuaba aún más la sensación de cambio inminente.

Entré al examen confiado, había estudiado mucho y bien. Sucedió algo que nunca antes me había ocurrido, la profesora nos pidió permiso para fotografiarnos, y naturalmente se lo concedimos.

Era un examen de Procesos moleculares. La asignatura exigía sacar un buen arsenal de artillería pesada: química básica, mecánica cuántica, teoría de grupos, etc

Dejé el ejercicio más duro de todos para el final, y tras un rato peleando lo logré hacer. Me puse a repasar el examen, y cuando empecé a revisar el último ejercicio tras constatar que los demás estaban bien, mis ojos se llenaron de lágrimas. Un tiarrón de noventa kilos emocionado ante un examen de física molecular debía de ser todo un espectáculo, pero no me avergüenza reconocerlo. Sabía que en el momento en el que entregase ese examen, terminaría definitivamente mi primera juventud.

Hice una última comprobación de perro viejo: asegurarme de haber escrito mi nombre. Ahí estaba, junto a la fecha.

Era el Miércoles 20 de Junio de 2012. Tras años de esfuerzo titánico, esa tarde abandoné la Universidad con una licenciatura en física bajo el brazo, y con la certeza, confirmada hasta el día de hoy, de que la iba a echar de menos.

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3 Respuestas a “Dos días

  1. Pues te ha quedado bien, aunque lo de llorar por un examen es un poco ñoño en ti, ¡jajaja! Tenemos que ser casi, casi de la misma quinta. ¡Un abrazo!

  2. Mi día 2, no ocurrió hasta que vi la nota de Mecánica Teórica en el tablón de anuncios, por lo que fueron dos semanas de sufrimiento. Pero el día que vi el aprobado y supe que había terminado, olía distinto en el parque de ciencias, como a futuro…

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