Tienes lectores

¿Alguna vez has enviado un email a 20 personas a la  vez?. Estoy seguro de que lo revisaste de arriba a abajo para asegurarte de que todo era correcto. Si tuviste la mala suerte de enviarlo con alguna errata o, peor aún, algún error o impertinencia, probablemente te hayas sentido idiota durante un breve lapso de tiempo.

Pensemos ahora en tu último tuit. Imaginemos que tienes unos 1000 seguidores. Seguramente no menos de 20 lo hayan visto en riguroso directo. Otro puñado de centenares lo leerán en las próximas horas. Sin embargo, es muy probable que lo enviases sin siquiera leerlo dos veces.

¿Por qué tenemos más consideración por los lectores de un email que por los de un tuit? Son formatos diferentes, dirán ustedes. Y llevan razón: un email tiene un alcance mucho más restringido y controlado que cualquier tuit. ¿No deberíamos ser pues más cuidadosos con los tuits que con los emails?

Me atrevo a lanzar un consejo: antes de publicar nada, piensa en tus lectores (sí, tienes lectores). Basta con que recuerdes que existen, y que tú también eres uno. Algunos de ellos te leerán en sus momentos de ocio, otros quizá en un descanso del trabajo, … incluso, gracias a la maravilla de la miniaturización electrónica, puede que alguno te lea mientras está en el retrete. Entre ellos puede haber jardineros, maestros, concejales de fiestas e incluso virtuosos de la viola de gamba. No lo sabes. Tampoco sabes cómo organizan sus redes sociales… quizá tu tuit aparezca entre el de un premio Nobel y el de un humorista de Albacete, o en una lista llamada “Nepalese soccer”. Es posible que tu retuit del vídeo del mono cagando se reproduzca en un ordenador del decanato de alguna universidad, que tu chiste-confesión sobre tu suegra cause carcajadas en el módulo de respeto del penal del Dueso, o que tu sesudo análisis sobre la situación política en Ucrania acabe en el smartphone de Bob Esponja de una niña de 10 años. Te diriges potencialmente a todo el mundo.

Y particularmente te diriges a mí, que soy un lector como tú. Te leeré, y no podré evitar formarme una opinión. Juzgarte, si lo prefieres. Quizá te clasifique mentalmente como uno de esos tuiteros que nunca defraudan, un “must read”. Quizá mis ojos lean ciertas palabras clave casi subconscientemente y salte al siguiente tuit sin más. Quizá lea esas palabras clave tan a menudo que acabe estableciendo un filtro automatizado. Puede hasta que me toques tanto las narices que decida dejar de seguirte o incluso silenciarte. Naturalmente, tú puedes hacer lo mismo conmigo.

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Pienso en esto cada vez que abro mi Twitter, que se presta mucho a eso del retuit rápido y sucio. Últimamente, rara es la vez que no tengo la sensación de estar disparándome un cañón de mierda a la cara.

Hay cosas que prefiero no ver. Tienes todo el derecho del mundo a publicarlas, pero yo voy a intentar filtrarlas todo lo que la tecnología me permita. Como ya dije anteriormente, no me haces ningún favor sirviéndome en bandeja el último comentario racista de aquel senador republicano de Alabama o el rebuzno de ese obispo loco. Con la estupidez propia y la de mi entorno inmediato voy bien servido. Tampoco me interesa verte echar espuma por la boca contra la noticia de un periódico digital, ni ver cómo vacilas (o peor aún, rebates con seriedad) a alguien que cree que la tierra es plana, o que el director de Saneamientos San Saturio es un reptil extraterrestre. Ver estas broncas desde fuera mola mucho menos de lo que pensáis. En serio, iros a un motel.

Naturalmente, no voy a obligarte a cambiar tus hábitos. Ni puedo, ni debo, ni quiero. Pero sí puedo dar mi opinión, y aplicarla a mis propias redes sociales. Tengo algunas reglas no escritas, aunque reconozco que no siempre cumplo a rajatabla. Hoy me apetece escribirlas:

  • Tuitea/retuitea solamente:
    • Cosas que te hubiera gustado saber antes.
    • Cosas que tengan gracia.
    • Cosas que sean agradables a la vista o al oído.
  • Jamás entres en discusiones con más de dos o tres respuestas. No todo lo que parece una conversación lo es.
  • Jamás publiques hilos de más de dos o tres respuestas. Para eso están los blogs.

Ahí las dejo. Como recordatorio para mí mismo, y por si a alguien más interesasen.

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