Ayer Sábado se celebró, un año más, el día del orgullo gay. Personalmente, siempre se me ha hecho raro pensar que alguien se sienta orgulloso de su inclinación sexual, pero, al fin y al cabo, también hay quién se siente orgulloso de ser español, blanco o, en definitiva, cualquier otra cosa que le viene dada. Supongo que el haber estado perseguidos hasta hace relativamente poco tiempo hace que les agrade exhibir públicamente su inclinación, y que simplemente el nombre está mal escogido.
Lo que me llama la atención del desfile de este año es que su lema es “Una escuela sin armarios” (ver aquí). Al parecer, los colectivos gays, la ministra de igualdad y varios partidos políticos ven una flagrante violación de los derechos humanos en el hecho de que niños y niñatos hagan putadas a sus compañeros homosexuales.
Cualquier persona que haya estado escolarizada sabe que, en un colegio o en un instituto, la más mínima diferencia ocasiona problemas de adaptación muy serios. Ser el marica, el gordo, el cuatro-ojos, el empollón, el sudaca, … te garantiza una serie de problemas que te ahorrarías si fueses normal. ¿El motivo?, que el 90% de los chavales de las escuelas es imbécil. Uno de los papeles de los profesores, que cumplen menos a menudo de lo que les gusta creer, es el de mantener el orden y castigar éste tipo de comportamientos abusones… y ahí debería quedar todo.
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Pero parece ser que el problema se ha convertido en una cuestión de Estado, con ministros pronunciándose al respecto. Uno se pregunta, viendo a nuestra clase política, cómo es posible que se atrevan a dar los primeros pasos hacia la criminalización de la idiocia, cuando son ellos, probablemente, el segundo colectivo más estúpido e inculto del país después de los canis adolescentes.













