Charlas Naukas 2014

Un año más he visitado Bilbao en el último fin de semana de Septiembre con motivo del Naukas (algo les sonará, dí bastante la brasa por aquí).

Como siempre, el nivel de las charlas fue alucinante. Tuvimos teatro, dos conciertos, trucos de ilusionismo (incluyendo un desmayo fingido) y hasta robots. Podéis verlas aquí.

Si estáis particularmente interesados en la mía, que versó sobre Navegación Astronómica, podéis verla en este link.

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Os aconsejo vivamente que veáis alguna más, pues la mía fue, sin duda, una de las más mediocres.

Comienza Naukas 2014

Mañana a las 10:00 AM (CEST) dará comienzo Naukas 2014.

Aquellos que no podáis acudir al evento en persona podréis seguirlo por streaming desde la página de EITB. Aún no tenemos el enlace concreto, pero iremos informando en directo desde nuestra web y desde nuestra cuenta de Twitter.

Un servidor hablará de navegación astronómica a las 10:20 AM del Viernes.

Naukas 2014

Un año más, la ciudad villa de Bilbao acogerá el encuentro Naukas. Será los días 26 y 27 de Septiembre en el Paraninfo de la UPV/EHU (entre el Guggenheim y la Torre Iberdrola), y les aconsejo sinceramente que lo visiten si les pilla a mano. Además, la entrada es gratuita hasta completar aforo.

Pueden echar un vistazo al programa.

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Tengo que confesar un secreto: Naukas NO es un evento científico. Al menos, no única ni principalmente.

Hay divulgación científica, sin duda, pero ante todo Naukas es un espectáculo. En todas las charlas habrá dos hilos conductores, uno débil y otro fuerte:

  • El hilo débil es que las charlas versarán sobre temas científicos. ¿Por qué digo que es débil?, ¡por que absolutamente cualquier tema puede ser un tema científico si se le da el enfoque adecuado!Se hablará de temas tan variados como drogas, deportes, viajes, literatura… tendremos incluso un mago y un concierto de los Leftover Lights (por cierto, uno de sus miembros además nos dará una charla sobre microbiología titulada “¿Puede una bacteria salvarte de salir volando por los aires?”), y un Naukas Kids para los más pequeños.

    Piense en ello la próxima vez que escuche eso de que la ciencia no es interesante.

  • El hilo fuerte es que la inmensa mayoría de los ponentes son unos narradores de primer orden. Da igual el tema que traten, incluso pueden lograr emocionarte hablando de su tesis en bioquímica. ¿No me creen?, véanlo ustedes mismos en el vídeo que enlazo bajo estas líneas.

Un servidor hablará sobre “Navegación astronómica” a las 10:20 am del Viernes 26.

Y para los más incondicionales de ésta casa, aquí dejo las dos charlas que dí el año pasado:

El Ibiza amarillo

La protagonista de esta historia es una profesora de secundaria. Profesora de un instituto especialmente conflictivo.

En cierta ocasión, al salir de clase, los profesores encontraron que alguien había destrozado sus coches. Ruedas pinchadas, rayaduras en la carrocería, retrovisores partidos e incluso alguna luna rota. El ensañamiento con cada vehículo se intuía proporcional al odio que levantaba cada profesor entre sus alumnos. Un caso claro de vandalismo.

La única y extraña excepción fue el coche de nuestra protagonista, que se encontraba intacto. Nunca se tuvo por una profesora especialmente apreciada… más bien se consideraba del montón, así que este trato excepcional le resultó desconcertante.

Tras mucho darle vueltas descubrió que la verdadera causa de que respetasen su coche nada tenía que ver con la lealtad ni el aprecio, sino con algo mucho más antropológico y, a su manera, fascinante:

Su coche, un Seat Ibiza amarillo de segunda mano, había pertenecido previamente a un bakala de mucho prestigio en la zona. Aún conservaba, además de incontables chinazos en la tapicería, parte del tuning que este había realizado con mimo y esmero.

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Y los jóvenes eran vándalos, sin duda… pero, al igual que el general von Choltitz cuando se le ordenó incendiar París, quedaron paralizados ante la idea de destruir una obra de arte de primer orden.

Reseña: Comer sin miedo

¿Recuerdan aquellas amables (pero dolorosas) collejas de nuestras madres cuando de niños no nos terminábamos la sopa?, ¿aquella norma no escrita según la cuál no se debe preguntar qué lleva un plato?, ¿eso de no tocar los cojones en casa ajena para que nuestra tortilla nos la hagan sin cebolla? ¿Seguro que lo recuerdan?, ¡pues no lo parece, rediós! ¿Qué diablos es esa moda de evitar el gluten sin ser celíaco?, ¿qué tontá es esa de la comida bio?, ¡maniáticos!, ¡que sois unos maniáticos!… ¡como se nota que no habéis conocido el hambre! Bromas aparte, el mundo de la alimentación está plagado de mitos infundados. Mitos de todo tipo, desde simpáticos equívocos a auténticos peligros para la salud.

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Inspirado en hechos reales

Si está usted mínimamente interesado en cuestiones de alimentación, es probable que le interese el libro Comer sin miedo de J.M. Mulet (Destino). En el momento en que escribo estas líneas va ya por la 5ª edición en sus apenas seis meses de vida. Se trata de un libro destinado a todos los públicos (excepción hecha, quizá, de aquellos que prefieren informarse a través de vídeos locutados por Loquendo) y no es necesaria formación previa en biología para disfrutarlo. El tono del libro destila bastante cachondeo y mala leche, con capítulos como Una marca comercial llamada alimentación ecológica o Mejor conservante en mano que salmonela volando. csm En cuanto al autor, a pesar del escaso tiempo libre que le deja la gestión de los numerosos sobornos que, según sus críticos, recibe de malvadas compañías biotecnológias como Monsanto, Mulet encuentra hueco para ejercer como profesor de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, ocuparse de su blog, Tomates con genes, dar charlas y sí, escribir libros.

Thriller psicológico

La película comienza con un tipo cenando una pizza precocinada.

Se acuesta, y no recuerda si ha apagado el horno.

Se levanta a comprobar si lo ha apagado, y así es. Todo está en orden.

Vuelve a acostarse, pero al rato siente la necesidad de volver a comprobarlo.

Así una y otra vez hasta llenar 2 horas y media de metraje. Por supuesto, todo en blanco y negro y utiliando el magiar (con subtítulos) como único idioma vehicular.

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Pero hay una sorpresa; la obra no termina con los títulos de crédito. Precisamente es entonces cuando empieza la diversión, la transgresión de las fronteras tradicionales del arte. Mejor dicho, unas pocas horas después: cuando empiecen a menudear los críticos mediocres impresionados por la falsa profundidad del filme.

Y es que con la entrada, se compra también el derecho a molerles a collejas.

Se lo digo yo, una obra de arte inmortal.

Pero sólo fue un gemido

Esta mañana me someto a una pequeña intervención quirúrgica; un buen momento para bendecir mi suerte por haber nacido después de la invención de la anestesia.

No he podido evitar recordar el magnífico libro de Jürgen Thorwald “El siglo de los cirujanos”, que aprovecho para recomendar.

El-siglo-de-los-cirujanos.-Jrgen-Tho[2]

Copio aquí un breve pasaje que en su día me impresionó enormemente, y que narra una brutal anécdota sucedida en el Massachusetts General Hospital hacia 1822:

Trajeron a la «arena» el tercer caso. Warren y Hayward se frotaron rápidamente las manos con un paño. Un «dresser» trajo agua nueva, enjuagó las esponjas ensangrentadas, limpió los instrumentos con un trapo manchado y colocó sobre la mesa un torniquete y una sierra de huesos.

El marinero cuyo muslo tenía que ser amputado a causa de una gangrena originada por una fractura de tibia era un tipo gigantesco, de cabello y barba blancos. Antes de acostarse para ser operado, pidió un poco de tabaco para mascar. Después dijo a los enfermeros que le dejaran en paz y que no era necesario que nadie le sujetara. Warren le dirigió una mirada sarcástica. Sin duda había oído ya demasiadas manifestaciones heroicas de este tipo por boca de otros hombres, y presenciado también otros tantos lamentables derrumbamientos.

Hayward puso el torniquete un poco más arriba de la zona de amputación, con el fin de poder refrenar la hemorragia en el momento de operar. Warren se subió una vez más los puños de la camisa que entretanto ya se habían manchado.

Apenas hubo desaparecido el tabaco tras los labios del paciente, Warren, mediante un rápido corte circular llevó su cuchillo hasta el fémur y con una fuerza que hasta entonces yo no había supuesto en su flaco cuerpo, separó la piel, los músculos y los vasos. El marino escupió el tabaco, dio un gemido y sus rojas manos se crisparon agarradas a la cabecera de la mesa de operaciones. Hayward con ambas manos echó piel y músculos hacia atrás en dirección al torniquete. Warren cogió la sierra y con escasos movimientos de vaivén cortó el hueso que había quedado al descubierto. Uno de los enfermeros cogió el miembro amputado y se lo llevó de la sala, mientras Hayward sacaba del muñón los vasos cortados y Warren los iba ligando.

Yo esperaba en vano que el marinero gritara. Verdad es que se agarraba con todas sus fuerzas a la mesa, pero lo más que salió de la boca fue un débil lamento. Únicamente gimió una vez más pidiendo tabaco con voz ahogada, cuando Hayward, junto con algunos vasos extrajo unos nervios, los cuales, según me había contado mi padre, producen al tirar de ellos, los dolores más horribles. Pero sólo fue un gemido (…).

Cuando el marino fue sacado de la sala, se produjo en nuestras filas cierta agitación. Los estudiantes de más edad iniciaron un aplauso. Dirigieron al marino palabras de elogio por su comportamiento hasta que Warren, de una sola mirada, restableció el orden.